jueves, 9 de junio de 2011

Octagésimo Natalicio de Gloria Sanz y Luis Alberto Suárez

Con motivo de la celebración de los ochenta años de vida de mis suegros les dirigí estas palabras:

Por supuesto que nos congrega esta noche el motivo feliz de celebrar los 80 años de vida de Doña Gloria y el Doctor Suárez y que hoy como siempre celebramos jubilosos su presencia en nuestras vidas pero quisiera aprovechar la oportunidad que tengo de decir unas palabras en esta reunión para rendir testimonio de enorme gratitud.

En Doña Gloria encontramos infinita paz, silencio prudente, moderación, generoso desprendimiento y solidaridad sin pausa. Basta con que cualquiera le pida algo para que se lo dé en la seguridad de que esa persona lo necesita. Mi suegra nunca se ha apegado a lo material y mundano. Solo a Dios representado en su familia y en los desprotegidos. Los regalos que le damos los disfrutan, con frecuencia, otras personas, familiares o no, pero que a su criterio los necesitan más que ella. Hasta no hace mucho se brindaba a los ancianos de un asilo en el centro de la ciudad y sus hijos bien recuerdan cómo convertía parte de su casa en albergue de mendicantes o brindaba transporte nocturno, consuelo y consejo a mujeres de la calle.

En la figura del Doctor Suárez es fácil encontrar el mejor ejemplo de vitalidad, de fortaleza y de laboriosidad y los que hemos tenido el privilegio de conocerle somos testigos y beneficiarios permanentes de su irrestricta voluntad de servicio. Contamos con su apoyo en los más variados aspectos de la cotidianidad. Su acción y su consejo nos permiten, a menudo, resolver desde las elementales dificultades domésticas hasta los más delicados problemas de todo tipo y nos despejan el camino para poder recorrerlo sin tropezar con los obstáculos que permanentemente se atraviesan. Ese soporte que sabemos siempre presente se acompaña del afecto y de la entrega. El Doctor nos despierta con cariñosa y esperada felicitación el día del cumpleaños, siempre tiene un gracejo a flor de labios y no tiene ningún problema para ponerse en cuatro patas a jugar canicas con sus nietos pequeños.

Si no me fallan las cuentas, somos más de 60 y vamos en 29 nietos. Estos chinos nos inspiran y nos dan toda la felicidad imaginable. Ellos, sin importar a cual de las familias de este clan pertenecen, tienen algo maravilloso, algo muy especial que los eleva y los exalta y que, estoy seguro, se debe -en mucho- a las cualidades de los suegros, constituidas en el mejor ejemplo que han tenido. Tales virtudes permitieron a Doña Gloria y al Doctor levantar en torno suyo el más unido grupo familiar al que nos sentimos orgullosos de pertenecer. Por eso y por todo hoy les decimos, ¡muchas gracias!

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