lunes, 1 de febrero de 2016

Cantinflas

Si alguien mencionara el largo nombre de Mario Fortino Alfonso Villavicencio Moreno Reyes, a pocos, y menos a los más chicos, les resultaría familiar. Pero si dijera que fue un hombre generosísimo que ayudó económicamente a miles de personas en su país y en toda América Latina, que educó a niños colombianos sin recursos -como  lo hizo con un familiar de mi concuñada María Victoria Quijano-, que teniendo el más humilde de los orígenes llegó a ser el más destacado de los comediantes de su generación,
a la cual pertenecieron los hermanos Valdés, Capulina y Resortes, y alma de los estudios de cine de Churubusco, que se ganó la admiración y la amistad de Charles Chaplin, fue un pilar de la cultura mexicana e hispanoamericana del siglo XX y jugó un rol definitivo en la construcción de nuestra identidad, muchos de los que me leen reconocerán al creador y al intérprete de Cantinflas, el "pelado" mexicano por antonomasia, el 
personaje maravilloso e inolvidable de mi juventud y de mi infancia, tan querido en mi casa y por mis padres, tal vez por nuestro viejo vínculo con México. Aún recuerdo el estreno de "Conserje en Condominio" y de "El Barrendero" que vi muchas veces en compañía de mi amigo Tomás Cárdenas. Estas líneas las escribo para no olvidar un episodio familiar relacionado con él. Cantinflas estuvo varias veces en Colombia. En una ocasión, allá por los años cincuenta, la sociedad conformada por los argentinos Gonzalo Amor, el decano del comentario hípico en Colombia que llegó como cantante tanguero,
y Antonio Comas, el conocido "indio" Duarte del "Duelo del Mayoral", el abogado español Pepe Sanchiz y mi suegro, Luis Alberto Suárez Alonso, quien era su representante legal, que había instalado un restaurante y grill en Bogotá, en la calle 19 con carrera 8, especializado en comida española y carnes a la parrilla, llamado La Tranquera, rápidamente aprestigiado y muy frecuentado, trajo a Mario Moreno a su local en Bogotá, resultando la visita en el evento social y farandulero de ese momento. El Doctor Suárez recuerda a Moreno como un tipo dadivoso, de trato afable y entregado al público, confirmando el juicio infalible de los afectos a Cantinflas a lo largo y ancho de Iberoamérica.