viernes, 10 de mayo de 2019

PARA SANTIAGO EN SU GRADO

Es frase de cajón, creo, pero es cierta, que los hijos son nuestra parte más profunda, entrañable y arraigada.

Quizás por eso cuando se interpone la distancia entre ellos y nosotros se siente un hueco que duele y sólo deja de doler y se llena en el reencuentro.

Cuatro años atrás, con la siempre atinada intuición de Fabiola y confiada en la Providencia, esta familia hizo una gran apuesta, difícil y dolorosa, en la esperanza de que era una opción triunfadora.

Se trataba de poner a Santiago en un escenario que le facilitara desarrollar su enorme capacidad intelectual y, a la vez, desatar su pasión por el circo.

Semejante oportunidad vital estaba en Illinois State.

Lejos.

Lejísimos, si consideramos nuestro muy colombiano y parroquial provincialismo, acaso en algo morigerado por nuestros años de estudio en Inglaterra y México.

Y por tanto, repito, oportunidad y apuesta dura y dolorosa.

Difícil, dolorosa y dura para todos nosotros que, a qué dudarlo, tenemos el sello familiar del apego.

Pero para nuestro chino, además, suponía enfrentar un largo período de esfuerzos y trabajo sin pausa y en soledad.

Las expectativas fueron copadas con creces.

Santi descolló en investigación, alcanzó la excelencia académica, brilló en Gamma Phi Circus, conectó con personas magníficas como el Profesor Neil Christensen, los doctores Su, Grobbe y Holland, Marcus Alouan e Ivan Stoinev, puso su nombre en las paginas de Annals of Physics y Journal of Physics Communications y superó exitosamente situaciones personales muy difíciles que amenazaron seriamente su integridad.

El título CUM LAUDE que con honores hoy le ha conferido su Universidad, una de las mejores del Estado y la más antigua de ellas, reconoce a un muchacho que, orgullosamente, proviene de una familia trabajadora de clase media, con raíces que se entierran en el campo de una pequeña nación suramericana que aún hoy lucha por definirse entre la guerra y la paz.

El grado celebra a un campeón.

¡Felicitaciones, hijo amado!

Quiero terminar esta obligada perorata agradeciendo con toda mi alma a Yolanda, Fabricio, Faby, Andrés y Daniel por haber acogido a Santiago como uno más de su familia y por estar ahí siempre y, principalmente, cuando más los necesitamos.

Y dando gracias también a Jessica por regalarle su amor, a John por su amistad, a Nico, Jime y mis sobrinos nietos por su soporte y a los profesores de la Facultad por todo lo que le brindaron.

Finalmente, mis besos y abrazos para Fachito, la supermamá, y mi Fantituchi, la superhermana, la mejor familia del mundo de la que Santiago, sin soslayar sus aptitudes incomparables, ha recibido todo el amor, la comprensión, el apoyo y, estoy seguro, la mejor inspiración.

¡Salud!