domingo, 31 de enero de 2016

De Responsabilidad Médica

En Bogotá, en los primeros años de la década de los cincuenta, un muchacho con movimientos anormales fue manejado por el Dr. Amaya con licor arsenical de Fowler. A pesar de los signos y síntomas de intolerancia el médico tratante se negaba a suspender el fármaco. Por el contrario, haciendo ostentación de gran intrepidez, en respuesta a cada reporte de intoxicación por arsénico del paciente aumentaba la dosis. Así condujo al joven al envenenamiento y a la muerte. La necropsia y los peritajes permitieron concluir que el fallecimiento había sido consecuencia inevitable del consumo mal controlado del licor fowleriano. La familia interpuso la demanda penal contra el médico haciéndose representar por el Doctor Luis Alberto Suárez Alonso. Se hizo manifiesta en la forma más abyecta la solidaridad del cuerpo médico bogotano, encabezado por figuras tan destacadas de la profesión como el Profesor Alfonso Bonilla Naar, que valiéndose de intrigas y ejerciendo todo tipo de influencias, que terminaron por presionar de manera directa hasta al padre del abogado de la parte civil, a la sazón médico leprólogo muy reconocido, logró que el jurado en la audiencia pública que tuvo lugar fuera compuesto en dos terceras partes por médicos o familiares de médicos, que los peritos y la oficina de asuntos forenses asumieran una actitud dubitativa y que —con la sala atestada de estudiantes saboteadores, discípulos de Bonilla— se fallara el negocio exonerando a Amaya, a pesar de la intervención valiente del Doctor Suárez y de su inquebrantable decisión de no renunciar el poder de la familia de la víctima. El fiscal y el propio Doctor Suárez debieron salir de los tribunales escoltados. Este episodio relatado es histórico por cuanto se constituye, según todo parece, en el primer caso de responsabilidad médica que llegó a los estrados judiciales en Colombia. El abogado que acusó al médico malpracticante, es mi querido suegro.