jueves, 19 de diciembre de 2024

Y se nos fue el tocayo


Hoy le dijimos adiós a Ricardo Núñez en una mezcla extraña de lágrimas y sonrisas. Entre unas y otras, en la misa de cuerpo presente no cesamos de evocar sus anécdotas y travesuras, de apostar a que el cura, que hablaba atropelladamente y en letra pegada, había colmado el cáliz no de vino sino de Néctar rojo, como en un tributo a la única bebida que así merecía llamarse, según Ricardo, y de celebrar, con los ojos inundados por las palabras de sus hijos, su legado, presente ahí, en el amor manifiesto de la familia. Y alrededor de la breve oración del acto previo a la cremación nos dimos maña de mamarle gallo al sacerdote que, por prestarse a la conversación y hablar con sentido, se llevó el regalo del abrazo de Alejo. En suma, el día de hoy, luctuoso y triste, fue doloroso pero también una explosión de afecto, de cariño cierto. Y eso es para mí lo que queda. Con el Núñez compartimos el bello nombre, el gusto por la comida típica y el amor por la música, desde vertientes muy distintas, pero en casi todo lo demás disentíamos y en algunas cosas muy radicalmente, al punto de que alguna vez me dijo «sabe qué? Usted y yo mejor de lejitos». Pero el «lejitos» no se pudo. Ya era muy tarde para eso porque desde los lazos familiares habíamos creado amistad  no por comunión sino precisamente por cariño y por el compartido convencimiento tácito y profundo de que la mamadera de gallo, la tomadura de pelo, era quizás la única forma de ir sin agobio paralizante del alma por el camino retorcido que es la vida. Esa amistad no requirió de estarnos viendo, como si estuviéramos de acuerdo con Borges en que "la amistad y, sobre todo, la amistad de hermanos puede prescindir de frecuencia". Y logró, eso sí, que cada encuentro fuera grato y memorable. Cáo siempre valoró lo poco que le pude brindar desde mi oficio y en las sonrisas encontramos la forma inmejorable de poder, felices, llevarnos la contraria sin interrupción. Partió y ya no nos volveremos a topar para echarnos puyas godo - mamerto, Millonarios - Santa Fe, polvora sí - pólvora no, etcétera o para gozarnos los tesoros de su discoteca pero me lo quedo en un rinconcito del corazón.