Pocos días atrás mi colega Hugo Bernal me dijo, con algo de sorpresa, que advertía en mí cierto parecido al Profesor Alfredo Rubiano Caballero. Quizás en el físico, pues aún no logro ganarle la batalla al peso. Tal vez por un gesto o alguna expresión hecha propia. Ojalá, más bien, fuere por algo del talante. Si así es, me honra.
Hace ya como tres años, al saber del fallecimiento de Alfredo Rubiano, escribí estas líneas:
En la mañana de hoy murió mi querido Alfredo Rubiano Caballero. Ojalá hubiera sido menos ingrato, brindándole con oportunidad el reconocimiento que merecía y regresándole en tiempo y compañía algo de lo mucho que me brindó. En mi caso Alfredo fué Profesor y Maestro y generosamente me distinguió con su amistad. Disfruté de los momentos compartidos, a menudo recuerdo sus expresiones y día tras día continúo sacando provecho de sus enseñanzas. El Doctor Rubiano, paisano de mi padre, mis tíos y mis hermanos, era un hombre culto y cálido, ecuánime, de mente abierta, librepensador, demócrata, de esos pocos que hoy tanto le hacen falta a la Universidad , a la Academia , a la Medicina y a Colombia. Que en paz descanse.
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