A mediados de mayo de dos mil dos, conmovido como todos los colombianos de bien por la tragedia de Bojayá y ante una de las tantas polémicas suscitadas por el desastre y en torno a el, envié esta comunicación a los entonces codirectores de "El Tiempo":
El Señor Presidente, el Fiscal General, Altos Mandos Militares y muchos periodistas han rasgado sus vestiduras por la postura del delegado de la ONU en Colombia, con relación a los execrables hechos que enlutan los hogares del Chocó y de toda la Patria. A un hombre de la calle, como el que esta nota escribe, le llama la atención, ciertamente, que el señor Anders Kompass no haya mostrado mayor vehemencia en contra de las FARC, cuya responsabilidad en el ataque a Bojayá es insoslayable. Pero también es notorio que quienes hoy ponen el grito en el cielo por la omisión de Kompass, han sido más bien discretos a la hora de señalar responsabilidades en lo que toca a actores armados ilegales como las AUC o con respecto a las Fuerzas Armadas. Los paramilitares se escudaron en la población civil de manera evidente, colocando a madres y niños en el interior de un templo que diabólicamente convirtieron en parapeto, mientras que las tropas del Ejército y los infantes de la Marina brillaron por su ausencia en este episodio anunciado y terrible de la guerra irregular que soporta el país y, en particular, la provincia y el campo colombianos. No nos digamos mentiras. Estamos ante la más dantesca de las tragedias en la que terroristas, actuando en bandos opuestos pero igualmente criminales, colocaron en el centro del fuego cruzado a un inerme conglomerado humano, sobre el que aplicaron toda su crueldad y sevicia, violando abiertamente los postulados del derecho internacional humanitario, ante la inexplicable ausencia de las fuerzas de seguridad del Estado. Pidamos equilibrio a los representantes de las organizaciones multilaterales de derechos humanos pero empecemos por dar ejemplo de ponderación en nuestras declaraciones. Este último comentario vale para el Señor Fiscal General quien para pronunciarse, es mi opinión, debería hacer uso, más bien, de autos, fallos o providencias (no soy abogado), así como para el Señor Presidente, quien debe aceptar las dificultades que se derivan de haber asegurado a la comunidad internacional, de manera insistida, el carácter político, que no terrorista, de las FARC, a lo largo de todo el proceso de paz fracasado.
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