martes, 15 de septiembre de 2015

Germán Alberto Pinto Saavedra, Girardot, 1950 - La Macanilla, 2015

Ha partido Topin. Murió en su chinchorro, solo, como seguramente lo hubieran deseado él y su idolatrado Libertador. Y en Santa Teresa de Cunaviche, quizás el único lugar donde era pleno y encontraba felicidad y sosiego completos. Como imploraba Mutis, la Providencia le dio un bel morir.
Se fué un hombre absolutamente exitoso si convenimos en que el mejor suceso posible tal vez se alcanza al hacer siempre lo querido. En la discrepancia vehemente, en el disentir beligerante y en la opinión ácida, crítica, acusatoria y muchas veces indolente que fueron su razón vital, el leitmotiv, hubo grandes contrastes, ires y venires, pero en cada momento actuó de acuerdo a lo que creyó. Así las cosas, Germán fue la personificación de la incoherente pero intachable consecuencia. Un ser extraordinario y único que sólo podía despertar fuertes emociones y sentimientos también extremos y encontrados. Y en esa dualidad lo admiramos todos, mis papá, los hermanos, los sobrinos, los amigos y, claro, los enemigos.
Fué superhéroe de mi infancia, ideólogo de mis años mozos y crudo inquisidor de mi vida adulta pero quiero y necesito creer que no por eso siempre me amó sin pausa y a su manera, como yo lo amé.
Felices mis viejos que hoy se reúnen con su hijo consentido. Cuanta falta nos va a hacer su ausente pero fortísima presencia.