Se fué un hombre absolutamente exitoso si convenimos en que el mejor suceso posible tal vez se alcanza al hacer siempre lo querido. En la discrepancia vehemente, en el disentir beligerante y en la opinión ácida, crítica, acusatoria y muchas veces indolente que fueron su razón vital, el leitmotiv, hubo grandes contrastes, ires y venires, pero en cada momento actuó de acuerdo a lo que creyó. Así las cosas, Germán fue la personificación de la incoherente pero intachable consecuencia. Un ser extraordinario y único que sólo podía despertar fuertes emociones y sentimientos también extremos y encontrados. Y en esa dualidad lo admiramos todos, mis papá, los hermanos, los sobrinos, los amigos y, claro, los enemigos.
Fué superhéroe de mi infancia, ideólogo de mis años mozos y crudo inquisidor de mi vida adulta pero quiero y necesito creer que no por eso siempre me amó sin pausa y a su manera, como yo lo amé.
Felices mis viejos que hoy se reúnen con su hijo consentido. Cuanta falta nos va a hacer su ausente pero fortísima presencia.
