lunes, 15 de diciembre de 2014
Mi Papá
Mi papá partió en la flor de sus 56 años y en mi plena adolescencia. Era un hombre severo, bravo, se diría, pero mamador de gallo consumado y dueño de una infinita y asombrosa capacidad de gozar de las cosas pequeñas que quizás le permitió lidiar con los avatares de su vida, que no fueron pocos, empezando por la muerte de su padre cuando apenas atravesaba los años azarosos de la pubertad. Como se deducirá sin dificultad, la temprana falta de mi padre me marcó en forma definitiva provocando naturales herida y cicatriz indelebles pero coincidencialmente me llevó a compartir con él la condición de orfandad precoz y -como a menudo lo pienso- posiblemente la necesidad no manifiesta de enfrentar el día a día con aceptación -no sin angustias y amarguras que en veces son inevitables- y con cierta y muy relativa tranquilidad, desde una barrera protectora construida a base de mamagallismo y de un permanente, íntimo y casi siempre inconsciente propósito de disfrutar de lo que se atraviesa en el camino y en especial de las pequeñas cosas.
MARÍA ELISA Y DIEGO
Exponiéndose al riesgo de encharcamiento por la ya proverbial condición de llorón que me acompaña, María Elisa y Diego tuvieron la osadía de escogerme por encima de opciones de seguro más serenas para decir unas palabras que marquen el inicio de este festín maravilloso que no podría tener mejor lugar para cumplirse que nuestro entrañable Fulgor.
Y claro que tenemos motivos de sobra para celebrar.
O para seguir festejando, digo mejor, por que la alegría nos envuelve desde ya hace meses, desde el momento en que nos dejaron saber su gran decisión: nos vamos a casar.
Lo dijeron así, escueta, llana y simplemente.
Casual, dicen los jóvenes ahora.
Pues no sé si por casualidad o no, pero lo que certeramente supimos entonces era que dos personas extraordinarias que viven en nuestros corazones, dueñas de desbordante energía vital que han sabido encausar con tesón asombroso en el logro de grandes propósitos personales, familiares y profesionales y en la superación de enormes obstáculos, daban lugar a algo nuevo y poderoso, puesto que nada distinto puede provenir de un hombre y una mujer que desde sus grandes diferencias, asistidos por la inteligencia y el tiempo para administrar encuentros y desencuentros, para conciliar voluntades y aspiraciones, con razón y corazón han optado por concurrir en el mismo camino.
María Elisa y Diego tienen cada uno y en versión inigualable una mezcla mágica de talento, sensibilidad y creatividad que les permite sorprender pero sobre todo ser sorprendidos que es requisito indispensable para poder disfrutar, no solo los grandes momentos que en veces nos trae la vida, sino las cosas chicas del día a día.
Y juntos.
¡Ese es el milagro!
¡De ahí viene la felicidad!
De poder arrancar una lagrima y una carcajada y de ser capaces al mismo tiempo de llorar y de reír, siempre de la mano del otro.
María Elisa y Diego han cosechado individualmente esforzados triunfos, han lidiado con las adversidades y han conocido los rigores de la soledad pero en unión han aprendido a sobreponerse a las discordancias respetando los espacios y han generado una fuerza novísima y potente para aguantar, continuar y avanzar.
Por eso creo que hoy no estamos de fiesta por el presente sino aplaudiendo el porvenir.
Con estos dos queridos sobrinos vale la pena apostar por el mañana.
Por un mañana venturoso -no por dos, como dijeran Les Luthiers-.
Por que si el amanecer llegara a resultar gris estoy seguro que Diego lo iluminaría con sus elocuentes y bonitas acuarelas y si el silencio lo abrumara la voz limpia y bella de María lo quebraría en mil trozos como a una pompa de cristal -a propósito de la Navidad que ya llega-.
sábado, 7 de diciembre de 2013
Golpes
Con motivo de su grado de Bachiller, hoy dediqué estas líneas a mi hijo Santiago:
Como papá tengo vivos los recuerdos de Santiago infante, siempre acompañado de la frazada de lana de reborde celeste que le regaló Jaime en su primer día de vida, siempre disfrazado y en actitud de superhéroe, siempre jugando, aún a la hora de comer, cuando el plato de spaghetti podía terminar en su cabeza, de sombrero, con su vocecita ronca hablándole a su "hemanita" de la "lüenga" y de los "tiugones", con "Roco" y Juan Diego en Judo y casi en cuanta actividad emprendiera, pudoroso pero preocupado por sus músculos y extremadamente sensible ante el dolor o la precariedad de los demás. No podía estar quieto. Más de un susto nos dió al desaparecer de repente por andar explorando su entorno en centros comerciales, parques y paseos. Las profesoras de primaria eran siempre superadas por su "indisciplina" pero se asombraban de su inteligencia: -¡es un niño muy capacitado!, -¡en mi materia sí le va muy bien porque como es de pensar! En Girardot pasaba horas y horas en el agua nadando pero con un solo brazo o tomando aire de las tuberías del jaccuzi, cuando no estaba con Juan Diego tratando de colgarse de las aspas del abanico en movimiento. Un poco más grande terminó ileso sobre el cofre de un coche contra el que chocó su bicicleta al transitar a toda velocidad por una empinada calle cerca del Hospital Militar Central. Tiempo después se divertía, ataviado a lo "Happy Lora", boxeando con Juan Diego y sus cuates en Unicentro, en Farmatodo, en las gasolinerías y los supermercados hasta que los guardias, superando el asombro, los correteaban. Santiago nació ante los ojos de su padre, tranquilamente, grande, rozagante y hermoso, en un parto maravillosamente conducido, a media mañana, después de una noche en que Fabiola no paró de darle vueltas al apartamento, como si estuviera trastornada, rezando sin pausa para que las contracciones del advenimiento se desencadenaran sin intervención humana distinta a la suya. Quizás esa inquietud materna, de alguna manera, puso impronta en lo que ha sido la vida extraordinaria de mi hijo amado. Lejos de ser l'enfant terrible que -por desconocimiento y de modo simplista- han querido ver en él tantos, dentro y fuera de la familia, lo que ha sido, enhorabuena, es un paradigma de la inquietud y de la curiosidad. Tales virtudes han sido el motor que desde muy pequeño le ha impulsado a querer ver, aprender y hacer más. A que dudarlo, lo ha conseguido, con disciplina, persistencia y esfuerzo admirables. Este hombre, buen amigo y compañero, estudiante de excelencia, dibuja, hace esténcil, pinta y toca guitarra, saxofón y, ahora, piano, es gimnasta disciplinado, ya incursionó en las artes circenses y, aún, "mama gallo" permanente e incansablemente. Yo jamás logré hacer alguna actividad física con solvencia mínima, pude dibujar mejor de lo que lo hace un niño o aprendí a tocar un instrumento musical, más allá de los rudimentos. Por eso, entre tantas cosas, me complazco en Santiago a cada instante, viendo en sus logros cumplidos tantos de mis sueños. Hijo: deseo que la inquietud y la curiosidad sigan siendo tus inseparables compañeras para que, en adelante, puedas seguir persiguiendo y alcanzando todos tus propósitos.
domingo, 30 de junio de 2013
RIP Álvaro Nieto
Casi redondeando un siglo de noble existencia, hoy partió a reunirse con mis viejos Don Álvaro Nieto. Hace unos años escribí en su homenaje unas líneas que se perdieron. Decía entonces que me sentía muy honrado y distinguido por contar con su amistad y su afecto, más allá del vínculo familiar, y que a personas como el y mis papás les debíamos en gran parte lo bueno de esta Colombia de hoy. Muy pocas personas he conocido que igualen la decencia, la rectitud, la bonhomía y, sobre todo, la caballerosidad y galantería de Álvaro. Me queda el pequeño consuelo de haberle brindado las últimas "gomitas" que se comió y haberle sacado algunas de las últimas sonrisas a su rostro amable. Son las que me pienso guardar como recuerdo postrero. Buen viaje Álvaro querido. Me vas a hacer falta.
sábado, 11 de mayo de 2013
Jairo Escobar
Éramos chinos de primaria cuando nos conocimos. Compartíamos el mismo barrio y salíamos a jugar al mismo parque, cosas que difícilmente se entienden hoy cuando los niños prenden el televisor y la consola de videojuegos llegada la hora de lo lúdico. También pasábamos mucho tiempo en casa, en nuestras casas. Y lo digo así por que indistintamente entrábamos a la de uno u otro como si fuera la propia. Nuestras madres eran vecinas pero también compañeras en la labor de crianza y amigas. En sus cocinas siempre había un trozo de pan, un vaso de jugo o un par de cucharaditas de dulce de brevas o papayuela, no sólo para sus hijos sino para cualquiera de los amigos que apareciera con ellos. Los padres nos llevaban de paseo a todos como si fueran maestros cargando con la clase completa en peripatética excursión. Y nos vieron crecer juntos hasta hacernos mayores. Hasta acá lo dicho aplica para todos nuestros queridos viejos. Pero hay recuerdos ligados quizás sólo a uno de ellos. Salía de cortos a patear con nosotros el balón de microfútbol, se sentaba a oír nuestros argumentos pueriles con toda atención, se enruanaba un domingo en la noche para compartir con nuestra patota la función nocturna del cine, alcahueteaba cualquier cosa que se nos ocurriera siempre y cuando el epílogo consistiera en mecato o golosina y cuando llegó el momento de los primeros tragos los compartió con nosotros y en su casa en la seguridad de que en tal trance no estaríamos mejor ni más protegidos en ningún lugar distinto a su biblioteca. Era Jairo, el papá de Arturo, mi colega, el singular "Mayito", la alegre y bonita Ana María y la pequeña y dulce Carolina, el esposo de la entrañable María Eugenia y el tío de Olga y Jorge Antonio. Ha partido y estas cortas líneas agradecidas sólo quieren desearle buen viaje.
viernes, 19 de abril de 2013
50 de Pintico
La persistencia de Fabiola y de mis hijos logró convencerme de celebrar estos 50 años. No estaba muy convencido de hacerlo, conciente de que, acepto, soy una "joyita" pero, como en la ranchera de Cuco, "... no soy monedita de oro pa´caerle bien a todos". Pintico no es "pera en dulce" y, con frecuencia, como le ocurre a los personajes de las propagandas de Davivienda, mi lengua o yo hemos estado en el lugar equivocado. No es hora de arrepentimientos pero, aunque fuera motivo de mi reticencia, para estar a tono con la moda del papa "Pacho" y como pasa al comienzo de la Santa Misa, debo empezar este "minispeech" pidiendo perdón por las tristezas que he causado a lo largo de este periplo vital, principalmente a ustedes, mis compañeros de viaje. En todo caso, no por voluntad he dañado a nadie, pues mi propósito en la vida más bien ha sido servir, ayudar y llevar algo de alegría a los demás y, por supuesto, a mi mismo. No podía ser de otra manera, viniendo de donde vengo, puesto que Lucila, mi mamá, era, por encima de cualquier cosa, una persona que vivía sirviendo a los demás y mi papá, Don Juan, como lo recuerda Julio del Valle, el tipo más chistoso que haya pasado por las oficinas de nuestro Banco Central.
Cambiando de tercio, lo que si me entusiasmaba de este festejo era la posibilidad de dar gracias. Así que doy gracias a la Providencia por permitirme estar aquí, cuando mis abuelos no llegaron al "medio chorizo" y mi viejo partió en la flor de sus 56. Doy gracias a Fabiola por aguantarme, por ser mi polo a tierra, por brindarme todo su amor desde hace 25 años y por hacerme feliz todos y cada uno de los días de esta vida, desde que la conocí, así suene como a bolero de Manzanero. Doy gracias a mis maravillosos hijos, María Paula y Santiago, quienes se han encargado desde su llegada de mantenerme en la más extraordinaria montaña rusa de emociones, siempre nuevas, siempre cambiantes y vivificantes. Doy gracias a la familia por crear y conservar el espacio que he necesitado para ser, hacer y deshacer y a mis amigos, presentes y ausentes, por darme su corazón cuando el mío ha flaqueado.
Cambiando de tercio, lo que si me entusiasmaba de este festejo era la posibilidad de dar gracias. Así que doy gracias a la Providencia por permitirme estar aquí, cuando mis abuelos no llegaron al "medio chorizo" y mi viejo partió en la flor de sus 56. Doy gracias a Fabiola por aguantarme, por ser mi polo a tierra, por brindarme todo su amor desde hace 25 años y por hacerme feliz todos y cada uno de los días de esta vida, desde que la conocí, así suene como a bolero de Manzanero. Doy gracias a mis maravillosos hijos, María Paula y Santiago, quienes se han encargado desde su llegada de mantenerme en la más extraordinaria montaña rusa de emociones, siempre nuevas, siempre cambiantes y vivificantes. Doy gracias a la familia por crear y conservar el espacio que he necesitado para ser, hacer y deshacer y a mis amigos, presentes y ausentes, por darme su corazón cuando el mío ha flaqueado.
jueves, 16 de agosto de 2012
50 de Fachito
Cuando les pedí a Inés y a Ricardo
que nos acompañaran esta tarde a festejar este especialísimo cumpleaños de Fabiola, Amaya me
contestó que lo harían con gran complacencia pero especialmente
movidos por sentimientos de solidaridad con ella, considerando que de estos 50 años,
una buena parte la había tenido que vivir junto a mi, para su desgracia, y para mi fortuna,
agrego yo, pues ya han pasado más de 29 años desde aquella noche en casa de Lola de Echandía cuando la conocí y me prendó y en el 2013 estaremos celebrando bodas de plata.
Ya no recuerdo como era la vida en soltería y no me interesa recordarlo por que
al lado de Fabiola he encontrado la felicidad y la reedito a diario cumpliendo a
cabalidad con el que creo es el propósito de la existencia. Es mi amante, amiga y confidente, mi compañera
omnipresente, en las buenas y en las malas, estas ultimas las menos y casi siempre
favorablemente resueltas gracias a su buen seso y a su ponderación. Divertida y
jovial, "mamadora de gallo", brillante y pragmática, ecuánime y comprensiva,
puedo decir, dándole razón a Ricardo y parafraseando, tal vez, a Gabo, que Facho es la "mujer
que me lleva de la mano en las tinieblas" y en las alegrías.
En los últimos 20 años he sido testigo de excepción de su consagración a María Paula y a Santiago,
aún desde antes
de su nacimiento. El día en que decidimos que había llegado el momento de María Paula, Fabiola inició también una inédita maratón de lectura que incluyó todos los libros sobre maternidad que se encontró por esos días, empezando por uno apocalíptico que se llama "Tu Hijo",
yo le regalé con las mejores intenciones, hablaba de la imposibilidad
real de tener un hijo sano y le arrancó hasta la última lágrima, muchísimo antes del parto. Acercándose la llegada
de Santiago, los obstetras estaban empeñados en programarla. No pudieron. Facho
dijo: "mi hijo va a nacer cuando tenga y no cuando ustedes quieran". La
noche anterior al alumbramiento se puso a caminar por el apartamento sin pausa,
como enajenada, hasta que en la madrugada, inevitablemente, rompió fuente y se salió con la suya. Con esa misma determinación, no ha hecho
nunca cosa distinta que orientarlos, cuidarlos, protegerlos y, antes que nada, entenderlos
y dejarlos ser. El resultado magnífico y admirable de su esfuerzo está ante nosotros.
Los miércoles o los jueves hay que madrugar
en la casa. Ese día Fabiola llega a casa de
los abuelitos antes de las 7 a hacer el desayuno
y a ayudarle al Doctor a tender la cama, "tomándole el pelo" con la regla y la
plancha necesarias para que quede bien. Los sábados mi suegro le responde, cuando
lo llama a confirmar la infaltable asistencia al almuerzo, preguntando por el menú, para ver si
se le miden al reto. Esa "vaciladera" permanente sazona una relación en la que Doña
Gloria y el Doctor Suárez viven pendientes de su hija y ella de los abuelitos, presta a asistirlos
en cualquier momento y en todo lo que pueda. Confidente de su mamá es, sin duda, la favorita. Se lo pueden preguntar a mi suegra pero no
se lo digan a nadie.
Amiga incondicional de sus hermanos, siempre
ha estado lista a ayudarlos, a ellos y a sus hijos, en todo lo posible. Quizás por eso es madrina
de varios sobrinos, por decisión de los papás y de varios más por que así lo han querido esos "chinos".
Lo más increíble es que, dedicada con alma y corazón a su esposo,
a sus hijos, a sus viejos y a sus hermanos, aún tenga arrestos para encarar su trabajo
con celo desmedido y excesiva responsabilidad. Cuando vivimos en México, en tiempos
de mi residencia y de su maestría, trabajé y estudié muy duro pero
viendo su esfuerzo parecía como si yo estuviera de asuetos. Nunca imaginé que con el mismo denuedo seguiría adelante hasta el día de hoy, como
lo atestiguan sus compañeros. ¡Que intensidad!
Este es un homenaje pequeñito para una mujer
extraordinaria que todo se merece y es una feliz coincidencia que tenga lugar acá en "El Fulgor", tan entrañable y lleno de recuerdos buenos.
¡Feliz Cumpleaños,
Fachito! ¡Que Dios te bendiga!
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