Casi redondeando un siglo de noble existencia, hoy partió a reunirse con mis viejos Don Álvaro Nieto. Hace unos años escribí en su homenaje unas líneas que se perdieron. Decía entonces que me sentía muy honrado y distinguido por contar con su amistad y su afecto, más allá del vínculo familiar, y que a personas como el y mis papás les debíamos en gran parte lo bueno de esta Colombia de hoy. Muy pocas personas he conocido que igualen la decencia, la rectitud, la bonhomía y, sobre todo, la caballerosidad y galantería de Álvaro. Me queda el pequeño consuelo de haberle brindado las últimas "gomitas" que se comió y haberle sacado algunas de las últimas sonrisas a su rostro amable. Son las que me pienso guardar como recuerdo postrero. Buen viaje Álvaro querido. Me vas a hacer falta.

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