Cuando les pedí a Inés y a Ricardo
que nos acompañaran esta tarde a festejar este especialísimo cumpleaños de Fabiola, Amaya me
contestó que lo harían con gran complacencia pero especialmente
movidos por sentimientos de solidaridad con ella, considerando que de estos 50 años,
una buena parte la había tenido que vivir junto a mi, para su desgracia, y para mi fortuna,
agrego yo, pues ya han pasado más de 29 años desde aquella noche en casa de Lola de Echandía cuando la conocí y me prendó y en el 2013 estaremos celebrando bodas de plata.
Ya no recuerdo como era la vida en soltería y no me interesa recordarlo por que
al lado de Fabiola he encontrado la felicidad y la reedito a diario cumpliendo a
cabalidad con el que creo es el propósito de la existencia. Es mi amante, amiga y confidente, mi compañera
omnipresente, en las buenas y en las malas, estas ultimas las menos y casi siempre
favorablemente resueltas gracias a su buen seso y a su ponderación. Divertida y
jovial, "mamadora de gallo", brillante y pragmática, ecuánime y comprensiva,
puedo decir, dándole razón a Ricardo y parafraseando, tal vez, a Gabo, que Facho es la "mujer
que me lleva de la mano en las tinieblas" y en las alegrías.
En los últimos 20 años he sido testigo de excepción de su consagración a María Paula y a Santiago,
aún desde antes
de su nacimiento. El día en que decidimos que había llegado el momento de María Paula, Fabiola inició también una inédita maratón de lectura que incluyó todos los libros sobre maternidad que se encontró por esos días, empezando por uno apocalíptico que se llama "Tu Hijo",
yo le regalé con las mejores intenciones, hablaba de la imposibilidad
real de tener un hijo sano y le arrancó hasta la última lágrima, muchísimo antes del parto. Acercándose la llegada
de Santiago, los obstetras estaban empeñados en programarla. No pudieron. Facho
dijo: "mi hijo va a nacer cuando tenga y no cuando ustedes quieran". La
noche anterior al alumbramiento se puso a caminar por el apartamento sin pausa,
como enajenada, hasta que en la madrugada, inevitablemente, rompió fuente y se salió con la suya. Con esa misma determinación, no ha hecho
nunca cosa distinta que orientarlos, cuidarlos, protegerlos y, antes que nada, entenderlos
y dejarlos ser. El resultado magnífico y admirable de su esfuerzo está ante nosotros.
Los miércoles o los jueves hay que madrugar
en la casa. Ese día Fabiola llega a casa de
los abuelitos antes de las 7 a hacer el desayuno
y a ayudarle al Doctor a tender la cama, "tomándole el pelo" con la regla y la
plancha necesarias para que quede bien. Los sábados mi suegro le responde, cuando
lo llama a confirmar la infaltable asistencia al almuerzo, preguntando por el menú, para ver si
se le miden al reto. Esa "vaciladera" permanente sazona una relación en la que Doña
Gloria y el Doctor Suárez viven pendientes de su hija y ella de los abuelitos, presta a asistirlos
en cualquier momento y en todo lo que pueda. Confidente de su mamá es, sin duda, la favorita. Se lo pueden preguntar a mi suegra pero no
se lo digan a nadie.
Amiga incondicional de sus hermanos, siempre
ha estado lista a ayudarlos, a ellos y a sus hijos, en todo lo posible. Quizás por eso es madrina
de varios sobrinos, por decisión de los papás y de varios más por que así lo han querido esos "chinos".
Lo más increíble es que, dedicada con alma y corazón a su esposo,
a sus hijos, a sus viejos y a sus hermanos, aún tenga arrestos para encarar su trabajo
con celo desmedido y excesiva responsabilidad. Cuando vivimos en México, en tiempos
de mi residencia y de su maestría, trabajé y estudié muy duro pero
viendo su esfuerzo parecía como si yo estuviera de asuetos. Nunca imaginé que con el mismo denuedo seguiría adelante hasta el día de hoy, como
lo atestiguan sus compañeros. ¡Que intensidad!
Este es un homenaje pequeñito para una mujer
extraordinaria que todo se merece y es una feliz coincidencia que tenga lugar acá en "El Fulgor", tan entrañable y lleno de recuerdos buenos.
¡Feliz Cumpleaños,
Fachito! ¡Que Dios te bendiga!
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