sábado, 23 de abril de 2022

Un cumpleaños muy especial de Connie

Dicen que los inmortales persas, los pecétairoy macedonios y los centuriones romanos llevaban detallada cuenta de sus heridas de guerra. Mi mamá lo hacía con las numerosas operaciones de que fue objeto que eran sólo una parte de las muchas adversidades que enfrentó y superó gracias a su increíble fortaleza física y emocional. Y digo increíble más que por extraordinaria por absolutamente inesperada en una mujer de talla y talle normales y de carácter sí recio pero desprovisto de alardes y extravagancias. Que se sepa  Constanza, Connie, nuestra Buñi, no lleva el recuento pormenorizado de los males de salud que ha padecido, que tampoco han sido pocos o sin importancia, ni de las duras pruebas con que ha lidiado su espíritu noble, pero a todas luces, como Lucila, posee una personalidad y una resistencia del todo fuera de lo común que no se corresponden con su más bien menuda "humanidad", como se dice en el argot de los narradores de boxeo. En otras palabras, Buñuela ha recibido la buena herencia de su madre y en ese legado la determinación de sobreponerse y de estar bien, compuesta y a la orden para sí misma y –especialmente– para los demás es una bendición presente y hacia el futuro para todos nosotros, por que en nuestro beneficio y de su esencia  es darse a los necesitados de manera irrestricta, amorosamente, con toda prontitud y sin excusa, al extremo de haber hecho de tal vocación su oficio y su quehacer vital. Mi hermanita, la menor, sostiene ella con vehemencia, siempre está presente, en todas las horas, y su preocupación genuina por todos en la familia, traducida en acción solidaria, es el mejor regalo que nos dió la Providencia y por eso, por mucho más, por su vida, agradecidos, celebramos hoy con alborozo este cumpleaños tan significativo.

sábado, 4 de diciembre de 2021

VAMPI


Aturdido por la ausencia temprana de Enrique, "la chispa de la vida", como le decía mi mamá, tomándole el pelo, "el Vampiro", de acuerdo al mote perpetuo que le pusieron "Topo" y "Topin", nuestro "Vampi", mi cabeza no para de recibir, atropellados y en desorden, relámpagos en tormenta desde el cajón de los recuerdos en los que él aparece.


Llevándome al cine muchas veces pero especialmente el día triste en que murió Rebeca, la lora legendaria de la casa. 

Probando conmigo el Chevrolet Biscayne de mi papá en las cuestas de Santa Ana. 

Punteando nervioso la guitarra en las muchas serenatas de la familia. 

Instalando los aparatos de sonido que reemplazaron la vieja radiola artesanal de enormes parlantes de la casa. 

Haciéndome tomarle el gusto al picante en la taquería de la avenida a Suba. 

Divertido con personajes pintorescos y extraños de la familia como la tía Flor, el tío Remigio o "Charles Atlas".

Roncando como locomotora con María Paula de bebé felizmente dormida en su pecho en el apartamento de Niza IX.

Poniendo sus discos de Glenn Miller y Tommy Dorsey que me dejaron para siempre matriculado en el Jazz. 

Recibiendo de mis manos en ACOPI la carta de reconciliación de mi papá. 

Fumigando conmigo, presa del pánico, mariposas negras, duras de matar, con todos los atomizadores disponibles, en el muro de piedra de la sala de la casa.

Asustado después de estrellarse por culpa de Don Juan que le azuzaba. 

En la 127 despachándose al desayuno los "calentáos" más monumentales que se han preparado jamás. 

Amanecido con Santiago Gamboa y conmigo en Delhi desnudando su alma. 

Llevándome a la sastrería del señor Niño en las Cruces para que me hiciera el primer terno entero de mi vida. 

Jugando tarro con Germán, Alfredo y toda la chinamenta de la cuadra en la Bella Suiza. 

Desbaratando el televisor de mi papa para intentar un arreglo que no logró ni siquiera el viejo Pinto, el electricista de Usaquén, a quien acudieron para que lo rearmara.


Son interminables las memorias. No puede ser de otra manera. Enrique fue el yerno amadísimo de mis viejos, se metió en el centro de la familia hace medio siglo y se quedó ahí para siempre. 

Vampi, el compañero de vida de mi hermana Constanza, padre de mis queridos sobrinos Natis, Jime, Nico y Lalo, superabuelo de Manu, Ana Sofía, Pito, Danny y Simón, fue alcahueta y compinche en mi infancia, mi padrino, testigo de los eventos más importantes de lo que hasta ahora ha sido mi existencia, nuestro hermano grande, cuate de cada uno de los Pinto Saavedra, vecino de barriada y compañero de todos los momentos, los malos y los buenos. 

Partió después de dar batalla y de tener la mejor pascua posible por misericordia de su fiel Dios. El dolor hoy es profundo, quemante, una tortura. No imaginé que iba a ser así pero lo es. Y duele mucho porque así lo quise. Mucho, muchísimo. No hay otra razón. 

Pido sus pensamientos en esta hora por Connie y la familia toda.


sábado, 24 de julio de 2021

EFRAIM ARTURO BONILLA ARCINIEGAS


Acabo de recibir la noticia de la pascua de EFRAIM ARTURO BONILLA ARCINIEGAS. Como se repite a diario, hay docentes y profesores a tutiplén pero muy pocos maestros. 
Pues Bonilla era uno de estos últimos y de excelencia, quizás por que a su estampa bonachona, al amor por lo que hacía, que se le salía por todas partes, a su calidez tan caribe y a su elocuencia, sumaba una capacidad didáctica natural que me resulta inolvidable y que está grabada en muchos pequeños recuerdos. 
Aún guardo las fotocopias del capítulo sobre el divertículo de Meckel cuya lectura nos dejara de tarea alguna tarde cuando cursábamos cirugía pediátrica en el Hospital de la Misericordia y comprobó al día siguiente: —saquen una hojita cualquiera, muchachos, y escriban "divertículo de Meckel"... A ver: diberticulo de mequel, dimertículo de Menkel, divertículo de Merkel... Bueno, peláos del carajo, les voy a explicar desde el principio por que ustedes ¡no se leyeron ni una palabra del libro! 
Uno de los ejemplos de maestría, paciencia y sosiego que guardo es el del Profesor Bonilla enseñándonos los pormenores semiológicos de la estenosis pilórica y su oliva con esfuerzos que no cesaban hasta cuando estaba seguro de que todos habíamos entendido.
Y otro, de tacto, buenas maneras rigor, curia y ética, lo tengo en el recuerdo de su consulta de ambigüedad sexual, junto a Gustavo Malo.

Y cómo no recordar sus charlas verdaderamente magistrales: "... Como dijo Gabo, el mundo se divide entre los que cagan bien y los que cagan mal. Nuestro deber es hacer que los primeros sean cada día más y los últimos cada día menos" –así terminaba su maravillosa conferencia sobre el niño constipado–. 
Y su amor por la Universidad Nacional de Colombia que en sus años dorados aún concretaba a través de sus gestiones en AEXMUN y por el Hospital Universitario Nacional. 
Su entereza ante los ataques aleves e infames de periodistas de pacotilla. 
Su personalidad suavemente arroyadora, como la cadencia del Castellano de su natal Magdalena. 
Lo saludé por última vez en el paraninfo 122 de la Facultad con ocasión de un aniversario de nuestra promoción. Nunca nos tomamos juntos unos tequilas por el entrañable México y su Universidad Nacional Autónoma que a ambos nos acogió y formó. Es un pendiente para la eternidad. 

miércoles, 22 de julio de 2020

DISTRACCIONES DE UN APRENDIZ


Al alba, con las voces de los gallos que aún cantaban en el Bogotá de entonces y el gorjeo de los copetones siempre alineados en las cuerdas de la luz, se despertaba, encendía el primer cigarrillo del día y, aún adormilado, se cubría con la levantadora pañosa y bajaba a la cocina a hervir el agua de su primer café negro de la mañana. Entonces se torturaba con la ducha helada necesaria para permanecer despierto y atento durante las clases de Gerardo Molina, del hacendista Lleras Restrepo, de Don Luis López de Mesa y del Maestro Julio Carrizosa. No perdía ni una palabra en sus apuntes de clase que a la noche mecanografiaba en varias copias. Al día siguiente las vendía en la Facultad a los mejores postores que solían ser los más vagos, dos de ellos, además, sus vecinos. Esa labor de las noches le permitía estar al día en los estudios y le dejaba libre en las tardes que terminó empleando en visitar a los médicos de la ciudad, no como paciente, pues conservaba una buena salud a pesar de haber dejado el atletismo hacía ya años, sino como representante de Winthrop, el laboratorio norteamericano, a instancias y por gestión de su padre, el Doctor Luis Suárez. Se entretenía caminando por las calles tranquilas, de consultorio en consultorio, con el pucho colgando de su boca que bien financiaba con los 30 pesos que le daban por llevar los folletos y las muestras de fármacos, en verdad a las secretarias y enfermeras de las clínicas, pues los cirujanos y clínicos, siempre atareadísimos, no lo recibían nunca. Conforme, no volvió a preocuparse por estudiar los prospectos ni las fichas de los medicamentos que promocionaba. De lo que sí estaba al pendiente era de que no faltarán confites en sus bolsillos para mantener un agradable coqueteo con las muchachas que terminaban por atenderlo. Una tarde Alfonso Bonilla, el joven cirujano, extrañamente lo hizo pasar a la oficina —quizás asaltado por una ola de calidez caribe por cuenta de su origen cartagenero— y lo sorprendió. Al preguntarle por la posología y los efectos secundarios del elixir de temporada no encontró más respuesta que el sartal de incoherencias que atropelladamente escapó de la boca de Luis Alberto o, más bien de su memoria dispar. El "Loco" Bonilla le comentó la falta al gerente médico del laboratorio esa misma noche en una reunión en el Club Médico, más como anécdota que como queja, pero la consecuencia fue draconiana: despido fulminante. No le quedó de otra al pichón de jurista que hacerse cliente asiduo del Windsor, el Automático y el Saint Moritz. Ahí tinteaba, estudiaba y aprendía. Escribía los trabajos y ensayos que encargaban los profesores para él y para los condiscípulos perezosos que con esos escritos de su pluma lograban mejor calificación que él mismo. El temprano "fracaso" laboral con la farmacéutica terminó ayudándole a ser un muy buen abogado pero sobre todo un gran billarista.


sábado, 30 de mayo de 2020

Un tributo con ocasión de una anécdota

Arturo Escobar recordaba por estos días que una noche en el Salon Monserrate  del Hotel Tequendama Jairo Escobar convenció al legendario Leo Marini de ir con ellos a poner serenata para terminar, en cambio y a petición del mendocino, recorriendo a lo largo del resto de la noche y hasta el alba todos los grilles de Bogotá, acompañándolo a cantar como espontáneo con la orquesta de cada uno de ellos. Dice Arturo que los músicos, los meseros y los clientes de los bares se frotaban los ojos de verlo ahí, de improviso, cantando Caribe soy, Señora bonita, Tomando té.
Ese era el hombre. Es irrelevante discutir si fue un gran hacendista, un consumado abogado o un gran político por que lo que sí fue con certeza fue un enamorado impenitente de la vida, del Tolima, de la tierra caliente de nuestros mayores y de la felicidad que mal se diría que buscó sin tregua porque lo que hizo fue ejercerla siempre. De la Esquina del Tango a los juegos de banquitas del parque del barrio con nosotros, los chinos, del entrañable Bachué a las nocturnas del Trevi o del Centro Granahorrar con nosotros, malos aprendices de esa versión mejorada y criolla de su epicureismo tranquilo y sabroso que en su biblioteca, por momentos, tuvimos nuestro Jardín.
Valga la anécdota maravillosa de Arturo para rendir un tributo al querido Jairo Escobar Cifuentes quien me hizo cogerle el gusto a Patricia González, a Roberto Ledesma y a tantos otros.
https://www.facebook.com/1697642400458627/posts/2240738652815663/?sfnsn=scwspwa&extid=fDHGMgLCdXzhdBOO&d=w&vh=e

domingo, 17 de mayo de 2020

60s DE JAIME VÁSQUEZ

Hoy cumpliría 60 nuestro querido Urco, que tan tempranamente nos dejó. Brindo en homenaje a su memoria. Fue y a través de su familia sigue siendo mi gran amigo. Con casi nadie más he tenido tanto en común en mi vida. En mi clan familiar lo quisieron mucho y ni hablar de  mi mamá que de sólo verlo empezaba a sonreír. Jaime era inteligencia en estado puro y por su generosidad me hizo su llave, su pana, su cuate, su hermano, y me permitió compartir felizmente incontables amanecidas, viajes, paseos y conversaciones sin fin, con fútbol, política, literatura, filosofía, carreta en abundancia, sarcasmo, buena y maledicencia, copas, lágrimas y carcajadas que contagiaban. El crater que nos hizo la ida de Jaime lo único que ha hecho es crecer. ¡Qué guayabo berraco este de hoy! Mi abrazo estrecho siempre pero muy especialmente en este día para Armando y Diana, Nacho, Nico y Juliana y también para Natacha, Mauricio, Ricardo, Camilo, Rafa, André, Germán, Ramón y José Luis.


https://www.youtube.com/watch?v=I1msv8JgN38
https://open.spotify.com/playlist/3PeX79pe4rTjEKUbhDu6HX?si=0dnmznRASEeBhks5TKaZAw

martes, 7 de abril de 2020

QEPD DON PEDRO SALMERÓN SUEVOS

Ha partido Don Pedro Salmerón Suevos después de lidiar con una enfermedad infame que no merecía y se ensañó con él robándole el alma injusta y tempranamente y desmoronándolo hasta el polvo. Estuve a su lado como alumno, aprendiéndole a trabajar, durante los años de la residencia y tuve su tutela en mi tesis de grado. Hombre culto, pianista, buen conversador, rico en anécdotas y muy pragmático, con gesto inamovible tenía siempre una ocurrencia a flor de labios y un comentario inteligente y a menudo mordaz sobe las circunstancias del momento. Le tuve un aprecio grande. Fue muy deferente conmigo. Tuvo el detalle cálido y gentil de invitarnos a cenar al terminar la especialización en un lugar de comida española de la Colonia Roma que le encantaba, en una demostración de afecto que nos conmovió, especialmente a María Helena de Urquijo, a Jaime Morales y a mi. Si la mala memoria no me falla, creo que quizás fue el primer neurorradiólogo que formó Don Jesús Rodríguez en el Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía. Reconocido también como historiador por excelencia de la Medicina y de la Radiología Mexicanas, una más de sus facetas humanísticas, fue docente de distintas y notables universidades de la CDMX, Presidente de la Federación Mexicana de Radiología e Imagen, del Colegio Nacional de Médicos Especialistas en Radiología e Imagen y del Consejo Mexicano de Radiología e Imagen, miembro fundador de la Sociedad Mexicana de Neurorradiología y, por supuesto, socio del Grupo CT Scanner, organización líder del diagnóstico por imágenes de la República Mexicana. Se fue entonces Don Perico sin poder cumplir su promesa de visitar Colombia. QEPD —lo necesitaba—.