sábado, 4 de diciembre de 2021

VAMPI


Aturdido por la ausencia temprana de Enrique, "la chispa de la vida", como le decía mi mamá, tomándole el pelo, "el Vampiro", de acuerdo al mote perpetuo que le pusieron "Topo" y "Topin", nuestro "Vampi", mi cabeza no para de recibir, atropellados y en desorden, relámpagos en tormenta desde el cajón de los recuerdos en los que él aparece.


Llevándome al cine muchas veces pero especialmente el día triste en que murió Rebeca, la lora legendaria de la casa. 

Probando conmigo el Chevrolet Biscayne de mi papá en las cuestas de Santa Ana. 

Punteando nervioso la guitarra en las muchas serenatas de la familia. 

Instalando los aparatos de sonido que reemplazaron la vieja radiola artesanal de enormes parlantes de la casa. 

Haciéndome tomarle el gusto al picante en la taquería de la avenida a Suba. 

Divertido con personajes pintorescos y extraños de la familia como la tía Flor, el tío Remigio o "Charles Atlas".

Roncando como locomotora con María Paula de bebé felizmente dormida en su pecho en el apartamento de Niza IX.

Poniendo sus discos de Glenn Miller y Tommy Dorsey que me dejaron para siempre matriculado en el Jazz. 

Recibiendo de mis manos en ACOPI la carta de reconciliación de mi papá. 

Fumigando conmigo, presa del pánico, mariposas negras, duras de matar, con todos los atomizadores disponibles, en el muro de piedra de la sala de la casa.

Asustado después de estrellarse por culpa de Don Juan que le azuzaba. 

En la 127 despachándose al desayuno los "calentáos" más monumentales que se han preparado jamás. 

Amanecido con Santiago Gamboa y conmigo en Delhi desnudando su alma. 

Llevándome a la sastrería del señor Niño en las Cruces para que me hiciera el primer terno entero de mi vida. 

Jugando tarro con Germán, Alfredo y toda la chinamenta de la cuadra en la Bella Suiza. 

Desbaratando el televisor de mi papa para intentar un arreglo que no logró ni siquiera el viejo Pinto, el electricista de Usaquén, a quien acudieron para que lo rearmara.


Son interminables las memorias. No puede ser de otra manera. Enrique fue el yerno amadísimo de mis viejos, se metió en el centro de la familia hace medio siglo y se quedó ahí para siempre. 

Vampi, el compañero de vida de mi hermana Constanza, padre de mis queridos sobrinos Natis, Jime, Nico y Lalo, superabuelo de Manu, Ana Sofía, Pito, Danny y Simón, fue alcahueta y compinche en mi infancia, mi padrino, testigo de los eventos más importantes de lo que hasta ahora ha sido mi existencia, nuestro hermano grande, cuate de cada uno de los Pinto Saavedra, vecino de barriada y compañero de todos los momentos, los malos y los buenos. 

Partió después de dar batalla y de tener la mejor pascua posible por misericordia de su fiel Dios. El dolor hoy es profundo, quemante, una tortura. No imaginé que iba a ser así pero lo es. Y duele mucho porque así lo quise. Mucho, muchísimo. No hay otra razón. 

Pido sus pensamientos en esta hora por Connie y la familia toda.


3 comentarios:

  1. Los pensamientos están. Un enorme abrazo a quienes fueron bendecidos por au compañía y hoy lo recuerdan. Lindas palabras.

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  2. Si recordar es vivir, el viejo Vampi se ha quedado en los corazones. Así como se metió en las familias que lo quisieron, mantendrá viva su necesaria presencia en quienes lo quisieron. Saludo a Constanza a quien el Vampi ahora mismo acompaña más que nunca.

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