lunes, 15 de abril de 2019

Y LLEGARON LOS 56s

Quise celebrar "a rabiar", con mi esposa y mis hijos, la llegada a los 56, no por ser una edad particularmente provecta sino por que Don Juan, mi papá, se fue en la flor de esos años, dejándome tempranamente con su orfandad, si es válido decirlo así. Y la voluntad de mi familia y la suerte me lo permitieron.

El día anterior desayuné con huevos en crema de cebolla de Fabiola y pan artesanal, jamón y gouda ahumados de Stefany y por invitación de Guille y su combo almorcé con crepe de pollo y carne deshebrada y para el postre mis compañeros me partieron ponqué —mouse de maracuyá—. En la noche mi Fachito me aplicó 2 de Paternina con riñones, tortilla, pulpo, croquetas y patatas bravas en Sepulveda.

Llegada la hora "dulce y bendecida" las maravillosas mujeres de mi casa dispusieron para comenzar la mañana capuccino, pan de centeno, mozzarela, brie, tomates secos, fruta y huevos en salsa de queso azul. Trasladados al Fulgor para gozar del profundo verde, Mauricio le puso al mediodía el toque cogüeño con tremendo piquete y lo clausuró con dulces mexicanos. Y el día se despachó con "En este pueblo no hay ladrones", inolvidable encuentro con Ricardo Camacho —quien tiene muy vivo recuerdo de Germán, de todos nosotros y aún de la casa de la 127— y concierto de jazz matizado con par tintos, en el libre, y noche flamenca mojada en sangría blanca y adornada con pintxos de dátiles, tocineta, tomates cherry y queso azul, pulpo parrillado, más patatas bravas y mollejas de ternera, en La Tapería.

El afterbirthday tuvo arranque con la reedición del desayuno de postín, té chai a la media mañana en compañía de mi querido suegro y magnífico asado sorpresa Álvaro's style rodeado de la familia, exaltado por la asistencia de Mickey y acompañado por la música de Joe Quijano, en homenaje a su reciente partida.

Y si acaso faltara algo más, Fabiola, María Paula, Santiago, Conie, la familia y mis amigos me prodigaron muchos regalos: pasajes a Cartagena, suscripción a National Geographic, chorizo español, jamón de bellota, queso manchego, vinho verde, binóculos, suecos, camisa cartagenera, cerveza a raudales, el libro de la Leo y un fajito de dolaretes (detallazo de los abuelitos).

Al tiempo Santiago y su novia, Jessica, participaron destacadamente en las funciones conmemorativas del 90 aniversario de su circo.

Y no faltaron los mensajes y llamadas a tutiplén de muchos compañeros, familiares y amigos generosos, desde los 4 puntos cardinales.

El advenimiento de Simón y Elisa, mis nuevos sobrinos nietos, bañó de luz está ocasión tan especialmente llena de significados para mi.

Se fue este  cumpleaños feliz por tantas demostraciones de cariño recibidas en que he llegado a la edad final de mi viejo. Un logro. Estoy agradecido con la Providencia.

viernes, 5 de abril de 2019

RECUERDOS DEL SAN JUAN DE DIOS

El Hospital (fundado en el siglo XVI como San Pedro) fue construído (las instalaciones en las que nos formamos), según nos dijeron una vez en una charla en el auditorio del edificio Daniel Alcides Carrión, en terrenos donados por la familia Hortúa. Tenía aproximadamente 9 edificios levantados en el lote comprendido entre la Carrera 10 y la Avenida Caracas, hacia el sur de la Calle Primera. La mayoría de ellos estaba ubicada hacia el nororiente.
Los bloques sobre la Décima eran:
Puesto de salud (dos pisos)
Torres Central (9 pisos) y Docente (10 niveles)
CIDE
Sobre la Calle Primera estaban:
Rehabilitación (Profesor Tejada)
Cirugía Plástica (Profesores Coiffman y Cupperman)
Inmunología y Genética (Profesor M. E. Patarroyo)
Iglesia
Hacia el lindero sur:
Edificio Carrión/Endocrinología (Profesores Bernal, Guardiola y Guido Lastra —Vecino de Clarita Bahamón—)
Edificio Maximiliano Rueda/Psiquiatría (Profesores Yamín, Laverde y García)
Pabellón San Pedro/Dermatología (Profesores Villamizar y Zambrano)
Hacia la Caracas:
Instituto Dermatológico Federico Lleras
Ancianato
El complejo tenía entradas por la Carrera Décima al puesto de salud, a consulta externa especializada y hospitalización y a Urgencias y el CIDE (centro de enseñanza de enfermeras) y una pequeña, por la Primera, al traspatio del Centro de Salud y al Pabellón San Lucas. Tenía dos vías internas pavimentadas que abrazaban el edificio principal en cuyos bajos estaban el servicio de emergencias (Profesor Jorge Ospina) y la morgue. En el ala oriental del primer piso estaban los consultorios de especialidades y en el mismo nivel cajas y asignación de citas. La parte occidental del primer piso era de oficinas administrativas.
En el segundo piso quedaban radiología y reumatología (Profesor Farías) y el tercero correspondía a las magníficas salas de cirugía. En los pisos 4° y 7° atendían medicina interna y ortopedia en el 5°. El piso 9° de la torre docente, la misma en la que quedaba el gran auditorio, albergaba la cafetería, con vista hacia el norte, y habitaciones médicas  y el décimo sólo era una terraza/mirador (hacia el oriente) donde siempre venteaba.
En 5° semestre llegamos por primera vez al Edificio Carrión a tomar clases y laboratorios de patología (Profesores Alvarado, Camargo, Santamaría, Martín, Contreras, Lichtenberger y Toro). Como la Ciudad Universitaria se cerró, prolongadamente, gracias a las gestiones de Gonzalo Hernández y Ricardo Pinto terminamos recibiendo también en el Carrión buena parte de la instrucción de microbiología y parasitología, toda vez que profesores e instructores fueron transladados al hospital para continuar la enseñanza y no perder el semestre.
Entre esos ladrillos aprendimos también semiología, medicina interna, psiquiatría, ortopedia, dermatología y cirugía.
En la Hortúa comenzamos a dejar de oler a formol para oler a sangre, a pus, a dolor, pero sobre todo  a esperanza y a sonrisas plenas, bien trabajadas y bien trasnochadas. Ahí cada uno de nosotros, tras años de sonambulismo, dejamos nuestra adolescencia y nos convertimos "a la brava" en médicos y en adultos, con cansancio en las manos de coser heridas mientras, de reojo, mirábamos el libro antes de un examen. Ahí sacamos "el pase" ad-honorem como conductores de camillas y nos ganamos todos el bacilo de Koch, adormilado, por el hacinamiento, como también los AcHA y todos los demás.
En esos días nuestro propio yo pasó a estar de "segundo" por que nuestra obligación, un extraño, empezó a ser el "primero".
¿Cómo no recordar el "pulguero", el correr a todos lados llevando muestras y buscando resultados de exámenes de laboratorio y radiología, el siempre esperado "trasnocho", la merienda de medianoche, los cuartos de internos y residentes en el 9° Piso, el auditorio Casas Morales —donde nos reunimos a compartir el miedo luego del cierre de la Universidad—, el edificio abandonado cerca a la iglesia con la ambulancia llena de pasto y los 11 conductores de ambulancia que cobraban sueldo porque tenían fuero sindical, el inolvidable tangarife que gobernaba el ascensor en la noche, las chicas discapacitadas visuales del radio que conocían todo el país a través de la voz, el archivo de historias del sótano donde había que pedirle permiso a las ratas de cuatro patas que allí campeaban o las cucarachas de la cocina y el comedor que templaron nuestros estómagos para resistir cualquier alimento de ahí a la eternidad?
¿Cómo olvidar que en los consultorios de medicina interna había unos cubículos de madera con una cortina negra enmohecida para encerrarse con el paciente a hacerle oftalmoscopia —hoy habría que llevar enfermera para que no nos acusen de acoso o abuso—?
¿O el olor de los pacientes crónicos del Pabellón San Lucas —que persistía con la misma intensidad aunque las ventanas permanecían abiertas todo el día?
¿O la sala de cirugía de contaminados, donde no era tan importante la asepsia, en el extremo norte del segundo piso de plástica, con una máquina de anestesia de antes de la segunda guerra mundial que todavía funcionaba?
¿O el juego del "come come" y la cafetería de Lucho (¿Que habrá sido de Lucho? Enrique, el de los dulces en la Facultad, un buen día enloqueció y cogió su puesto a patadas) —atestada de visitadores médicos y vendedores de libros ( como Manuelito que tenía vitrina permanente)—, en la que Ricardo "la gallina" Leaño siempre pedía una Coca~Cola y un tinto doble?
¿O la cancha de fútbol donde "Carietón" alguna vez metió un gol de último minuto y salió en hombros como los toreros?
Inolvidables los 9 pisos sin ascensor y el —siempre en adecuación para ser el lugar de pacientes particulares— 8° Piso; ¡ay Dios, qué malos administradores hemos sido los médicos!.
Y, finalmente, ¿cómo borrar la imagen  del auditorio de la Unidad de Salud Mental con más gente que el Campín viendo el Tour de France y a Lucho Herrera —¡no le cabía un alma!—?

Cuando un amigo se va

La partida de un artista de la entraña del pueblo entristece mucho. Como "cuando un amigo se va".
Ayer le contaba a mi familia que guardo en el corazón el recuerdo de mis tiempos de estudiante de la Universidad Nacional cuando Alberto Cortez cantó a capella en el León de Greiff llevándonos al llanto emocionado. Y la música de Joe Quijano me mueve todos los días alguna cuerda (probablemente tendinosa). Finalmente, ¿quién de mi generación no bailó al Indio Pastor López? Nadie, por supuesto.
Los tres se fueron ayer y este mundo es hoy más triste y tiene menos voz. ¡Grandes e inolvidables!

PA'TRÁS O PA'LANTE...

Con la declaratoria de 75 municipios libres de minas Duque saca pecho con municipios libres de minas y colombianos le agradecen a Santos, tituló el portal digital Pulzo. Indulgencias ganadas con Avemarías ajenas estaba buscando Don Iván.
Por la noticia se pone uno a pensar, paradójicamente, en ciertas vainas —como corresponde a este blog—.
Salimos de Petro y ahora sí vamos a tener la Bogotá que debe ser, decían los votantes de "Bobolitro" Peñalosa, salimos de Santos y ahora sí vamos a tener la Colombia que debe ser, decían los votantes de Uribe/"Cerdito".
¡Lo que no dijeron es que lo que debían ser Bogotá y Colombia eran dos cerros de heces! O más bien que a eso era a lo que aspiraban tan fervorosamente.
La cosa es que culpar al antecesor resultó en la excusa permanente para su incapacidad. Fue el gobierno anterior, dicen. Y así hasta el final de los tiempos. Peñalosa ya va a acabar —con su periodo y con la ciudad— y todavía no hace sino mirar el retrovisor (y advertirá que la Bogotá Humana no fue tan mala como su desgobierno o al menos no peor). Y el submatarife anda en las mismas.
A todas estas, en realidad al centro demoníaco no le interesa la minga ni nada de nada porque en el fondo lo único que lo motiva es llegar a una constituyente para refundar a esta finca, como lo querían en Ralito y para su pesar no les salió muy bien.

miércoles, 26 de diciembre de 2018

UNAS VAINITAS MUSICALES

VAINITA I

Desde chino oía música paraguaya por que a mi viejo, que escuchaba de todo, le gustaba Digno García

https://open.spotify.com/track/1yEA3RksX22heHqK7SvmXg?si=JTyJPpncQkSDEpv60v6HhQ

y Enrique, mi cuñado, y sus hermanos tocaban a menudo y bastante bien, a 4 guitarras, varias cositas como el Pájaro Campana, Recuerdos de Ipacaraí y el Pájaro Chogüí. De esa última la versión que guardo en el corazón es la de Tito Puente que le encantaba a mi cuate Jaime Vásquez.

https://open.spotify.com/track/7KC9N2Lu9xRZfFB33ir33B?si=vjP6J5fXRP6_2JP1jAF7cA

VAINITA II

Para mi los bambucos, los torbellinos, las rajaleñas y los sanjuaneros son bellos y están ligados a recuerdos de la infancia, de la familia, de nuestro internado con Gloria, Fabricio, Jairo y Ómar, de mi rural, de los inicios de mi vida de pareja con Fabiola y hasta de nuestros años en la diáspora —¡cómo nos conmovía oírlos con Fabiola, Fabricio y Gonzalo!— y por eso hago mías las "Campanas" de Villamil en las voces de Garzón y Collazos para entregarlas como un bonito regalo de aguinaldo en cada diciembre.

https://open.spotify.com/track/73f60XkcVxv4k4UmsOElMG?si=NE96cpYfQ3u7Bzs_ILwEyw

sábado, 15 de septiembre de 2018

DE NÚMEROS

Por la mala educación para mi las matemáticas fueron siempre "el coco", "arameo" indescifrable. Eso pesó al extremo en mi decisión de dedicarme a la medicina. Cuando llegué a cursar matemática moderna (MM) 2 en segundo de bachillerato al Colegio Refous, sin tener ninguna fundamentación, la cosa se transformó en tragedia permanente. Tan sólo tuve algún éxito mínimo y momentáneo con la geometría analítica por virtud de Nohora Beatriz Carrasco —RIP—, que no mía, siendo entonces yo el primer sorprendido. Digo mal que sólo con analítica obtuve una calificación en negro —todas eran rojas—. En los infaltables cursos remediales de fin de año ocurría siempre una epifanía orquestada por Roland Jeangros. El "Mono" hacía que —en matemáticas—, los ciegos vieran, los sordos escucharan y los mudos hablaran con elocuencia y locuacidad. Mi salvavidas, en verdad, fue mi entrañable amigo Germán Valderrama. Un par de días antes de cada previa —les llamábamos chequeos— Germancho nos metía a otros discapacitados numéricos y a mi en la biblioteca de su casa y armado de textos de la Editorial McGraw-Hill nos daba uno o tres trucos para pasar la prueba con tres peláo o para perderla por poco. Pero la vida te recompensa en formas impensables y conmigo lo hizo a través de mis hijos que son matemáticos de excelencia y que por lo mismo se destacan, María Paula en el trabajo y Santiago en la academia, al punto de haber alcanzado los créditos para obtener el "minor", pues su pregrado es en física. Semejante regalo de natura dado a mis "chinitos" me reconcilia con los números que bien sé, son el lenguaje del cosmos.

martes, 3 de julio de 2018

POR LOS 30s


POR LOS 30s

Bienvenidos, entrañables doctores, a esta celebración del amor.

Amor a un oficio desdibujado y perdido de norte —que en sus practicantes parece haber olvidado que se debe a la gente y no a otras cosas como la sed insaciable del dinero por el dinero— pero noble, el más noble de todos y por cuya nobleza incomparable sabrá retomar el rumbo.

Y cariño sinigual a una Universidad, la mejor de Colombia, que con igualdad y un tanto de equidad nos dio la oportunidad de formarnos y la apertura mental necesaria para que tomáramos los más diversos caminos.

Hoy ejercemos en la docencia, en la asistencia o en el consejo, en la ortodoxia o en diferentes alternativas, pero todos, de seguro, con limpieza de corazón, así estemos en cola para que nos atienda el Torero, llegando a muy distintos rincones de este mundo donde Claudias y Lolas, aves canoras y de corto vuelo, chatas y menudencias se han sabido abrir campo, no sin batallar.

Desde el austral Chile, con sus Andes nevados, sus manzanas y duraznos, sus mariscos y sus peces, Pablo Neruda, Nicanor Parra, Gabriela Mistral y Jorge Rojas, que ha dado abrigo a "Jota", al "Chato" y a "Melco", hasta la fría pero tolerante e igualitaria Suecia, con su eneldo aromante, sus ricos arenques y su capacidad de reconocer y premiar la otredad, como lo ha hecho con la laureada Kenny.

Desde México y sus colores, sus muralistas, su Rulfo, su Sor Juana, sus guitarrones y su olor y sabor a tortilla, casa de "Piolín" y segunda patria de "Cusumbo", de "Covo" y de "Pomponio", hasta la vieja Hispania que envolviéndonos en buen vino y en los versos de Alberti y Hernández, de Cernuda y Lorca, de Machado y Aleixandre nos abraza en la magnífica lengua cervantina y hoy alberga a Manuel, Ómar, Guillermo y Sabul.

Y, en Colombia, hacemos presencia del sonoro Cesar de Juancho hasta la Orinoquía y la Amazonía infinitas de Jorge y del Pacífico sabroso y diverso —con Rafa en Cali— a la frontera imaginada con nuestra querida Venezuela, comarca de Gustavo, Holmes y nuestro "Alacrán".

El aniversario que hoy nos congrega es ocasión que se engalana por la visita ex profeso de la legión extranjera con la representación de Ernesto, Judy y María Esther, desde EEUU, de Guillermo y Saúl desde España, de José Manuel y Milciades, desde Chile y de Margoth desde la tierra de la pura vida.

Es menester hacer en este momento un paréntesis para reconocer a la Facultad y a sus profesores.

A los queridos Maribel, Alfonso y Eduardo y a todos aquellos de esta generación que han aportado su cuota docente a nuestra Escuela.

Y a los Maestros. A los que nos educaron y a quienes nos inspiraron.

A Alfredo Rubiano, el turco Fayad, Harlem Poveda, Jorge Ospina, Ariel Ruiz y Dimas Rincón.

Al loco Laverde, el Profe Reverend, el Doctor Farias, Cicerón Fandiño, Augusto Castro y Susana de Onatra.

A Mora Izquierdo, Efraín Bonilla, Santiago Currea, Mizrahin Méndez, Bernardo Reyes, Gustavo Malo, Ricardo Alvarado y Augusto Corredor.

A Héctor Tejada, Jairo Bonilla, Miguel Guzmán, el Doctor Rojitas, Armando López, Andrés Roselli, Luz Angela Osorio y Ricardo Molina.

A Chepe Rodríguez, Lucía Parra, Agustín Castillo, Guillermo Oliveros, Felisa Guarin, Gabriel Toro y Magnolia Arango.

Y a todos a quienes cada uno de nosotros recuerda por su impronta positiva.

También celebramos esta vez el afecto inmenso por un hospital histórico en el que nació y se hizo grande la medicina colombiana, que esperamos logre algún día la resurrección y que hoy vive, de alguna manera, en nuestro Hospital Universitario Nacional de Colombia.

Y festejamos, especialmente, el amor a unos compañeros a los que tantos años de vida compartida y solidaridad, en el aprendizaje, el ejercicio médico, el colegaje y la amistad, nos han hermanado definitivamente.

Que esta noche estemos aquí es la demostración incontrovertible de semejante fraternidad.

Y sabemos que no ha sido ni es fácil.

Hemos tenido que superar diferencias extremas en la concepción misma de humanidad y vida y aún en los esquemas axiológicos que nos guían.

Pero nos juntamos aquí y ahora en un abrazo cálido y muy estrecho para congratularnos.

Y es que motivos de festejo y celebración, como queda dicho, los hay todos.

Pero alcanzar 30 años de entrega al arte de la medicina es "per se" un logro extraordinario.

Es media existencia llena de fracasos y de éxitos, de alegrías y sinsabores, durante la que —siempre rodando y buscando— muchos hemos encontrado nuestro lugar, consolidado familias, hecho vida.

Otros —en avanzada— han partido:

El chispeante Alexander Ortegón,

Monsieur le Professeur, Alfredo Vargas,

Fernando Arbeláez, nuestro buen "Vampirito",

Jaime La Torre, el amable "Marthica",

José Luis Martínez, el genial "Saco'e Plomo",

y los queridísimos Manuela Salgado, Zenaida Cuervo, Carlitos López, "El Paisa", "Chucho" Romero, Lucy Perea y César Rolón.

En su recuerdo les pido que se levanten y en silencio les entreguen sus pensamientos.

(En Orihuela, su pueblo y el mío, se
me ha muerto como del rayo Ramón Sijé, con quien tanto quería.)

Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.
Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas
daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.
Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.
No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.
Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.
Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.
No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.
En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.
Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.
Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.
Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera
de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.
Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irá a cada lado
disputando tu novia y las abejas.
Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.
A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.

Amigos: esta noche, plenos de gratitud, le pedimos al Destino, la Providencia, el Altísimo, la Nada, Alá, Zarathustra, Dios, Yahveh, Yin, Yang y hasta Tintán que nos concedan la gracia de celebrar 60 Años de Egresados de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Colombia.

Que nos permitan encontrar la fórmula secreta de la aceptación continuada de la bestialidad, la calvicie, la sordera, la zurdez, la derechez, la chatez, la boyaquitud y la pomponiez.

Que nos abran ojos y entendederas para atisbar calcetos, vallenatos, comegatos y pletóricos refundidos.

Y que nos regalen infinitos jueves de poesía y miles de fotogramas de Jairo, de pinturas de Clarita, de minicuentos de Jorge, de cantatas de Claudia, de prestidigitaciones de Carlos y de poemas dichos desde adentro de Giovanni.

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