martes, 3 de julio de 2018

POR LOS 30s


POR LOS 30s

Bienvenidos, entrañables doctores, a esta celebración del amor.

Amor a un oficio desdibujado y perdido de norte —que en sus practicantes parece haber olvidado que se debe a la gente y no a otras cosas como la sed insaciable del dinero por el dinero— pero noble, el más noble de todos y por cuya nobleza incomparable sabrá retomar el rumbo.

Y cariño sinigual a una Universidad, la mejor de Colombia, que con igualdad y un tanto de equidad nos dio la oportunidad de formarnos y la apertura mental necesaria para que tomáramos los más diversos caminos.

Hoy ejercemos en la docencia, en la asistencia o en el consejo, en la ortodoxia o en diferentes alternativas, pero todos, de seguro, con limpieza de corazón, así estemos en cola para que nos atienda el Torero, llegando a muy distintos rincones de este mundo donde Claudias y Lolas, aves canoras y de corto vuelo, chatas y menudencias se han sabido abrir campo, no sin batallar.

Desde el austral Chile, con sus Andes nevados, sus manzanas y duraznos, sus mariscos y sus peces, Pablo Neruda, Nicanor Parra, Gabriela Mistral y Jorge Rojas, que ha dado abrigo a "Jota", al "Chato" y a "Melco", hasta la fría pero tolerante e igualitaria Suecia, con su eneldo aromante, sus ricos arenques y su capacidad de reconocer y premiar la otredad, como lo ha hecho con la laureada Kenny.

Desde México y sus colores, sus muralistas, su Rulfo, su Sor Juana, sus guitarrones y su olor y sabor a tortilla, casa de "Piolín" y segunda patria de "Cusumbo", de "Covo" y de "Pomponio", hasta la vieja Hispania que envolviéndonos en buen vino y en los versos de Alberti y Hernández, de Cernuda y Lorca, de Machado y Aleixandre nos abraza en la magnífica lengua cervantina y hoy alberga a Manuel, Ómar, Guillermo y Sabul.

Y, en Colombia, hacemos presencia del sonoro Cesar de Juancho hasta la Orinoquía y la Amazonía infinitas de Jorge y del Pacífico sabroso y diverso —con Rafa en Cali— a la frontera imaginada con nuestra querida Venezuela, comarca de Gustavo, Holmes y nuestro "Alacrán".

El aniversario que hoy nos congrega es ocasión que se engalana por la visita ex profeso de la legión extranjera con la representación de Ernesto, Judy y María Esther, desde EEUU, de Guillermo y Saúl desde España, de José Manuel y Milciades, desde Chile y de Margoth desde la tierra de la pura vida.

Es menester hacer en este momento un paréntesis para reconocer a la Facultad y a sus profesores.

A los queridos Maribel, Alfonso y Eduardo y a todos aquellos de esta generación que han aportado su cuota docente a nuestra Escuela.

Y a los Maestros. A los que nos educaron y a quienes nos inspiraron.

A Alfredo Rubiano, el turco Fayad, Harlem Poveda, Jorge Ospina, Ariel Ruiz y Dimas Rincón.

Al loco Laverde, el Profe Reverend, el Doctor Farias, Cicerón Fandiño, Augusto Castro y Susana de Onatra.

A Mora Izquierdo, Efraín Bonilla, Santiago Currea, Mizrahin Méndez, Bernardo Reyes, Gustavo Malo, Ricardo Alvarado y Augusto Corredor.

A Héctor Tejada, Jairo Bonilla, Miguel Guzmán, el Doctor Rojitas, Armando López, Andrés Roselli, Luz Angela Osorio y Ricardo Molina.

A Chepe Rodríguez, Lucía Parra, Agustín Castillo, Guillermo Oliveros, Felisa Guarin, Gabriel Toro y Magnolia Arango.

Y a todos a quienes cada uno de nosotros recuerda por su impronta positiva.

También celebramos esta vez el afecto inmenso por un hospital histórico en el que nació y se hizo grande la medicina colombiana, que esperamos logre algún día la resurrección y que hoy vive, de alguna manera, en nuestro Hospital Universitario Nacional de Colombia.

Y festejamos, especialmente, el amor a unos compañeros a los que tantos años de vida compartida y solidaridad, en el aprendizaje, el ejercicio médico, el colegaje y la amistad, nos han hermanado definitivamente.

Que esta noche estemos aquí es la demostración incontrovertible de semejante fraternidad.

Y sabemos que no ha sido ni es fácil.

Hemos tenido que superar diferencias extremas en la concepción misma de humanidad y vida y aún en los esquemas axiológicos que nos guían.

Pero nos juntamos aquí y ahora en un abrazo cálido y muy estrecho para congratularnos.

Y es que motivos de festejo y celebración, como queda dicho, los hay todos.

Pero alcanzar 30 años de entrega al arte de la medicina es "per se" un logro extraordinario.

Es media existencia llena de fracasos y de éxitos, de alegrías y sinsabores, durante la que —siempre rodando y buscando— muchos hemos encontrado nuestro lugar, consolidado familias, hecho vida.

Otros —en avanzada— han partido:

El chispeante Alexander Ortegón,

Monsieur le Professeur, Alfredo Vargas,

Fernando Arbeláez, nuestro buen "Vampirito",

Jaime La Torre, el amable "Marthica",

José Luis Martínez, el genial "Saco'e Plomo",

y los queridísimos Manuela Salgado, Zenaida Cuervo, Carlitos López, "El Paisa", "Chucho" Romero, Lucy Perea y César Rolón.

En su recuerdo les pido que se levanten y en silencio les entreguen sus pensamientos.

(En Orihuela, su pueblo y el mío, se
me ha muerto como del rayo Ramón Sijé, con quien tanto quería.)

Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.
Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas
daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.
Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.
No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.
Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.
Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.
No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.
En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.
Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.
Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.
Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera
de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.
Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irá a cada lado
disputando tu novia y las abejas.
Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.
A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.

Amigos: esta noche, plenos de gratitud, le pedimos al Destino, la Providencia, el Altísimo, la Nada, Alá, Zarathustra, Dios, Yahveh, Yin, Yang y hasta Tintán que nos concedan la gracia de celebrar 60 Años de Egresados de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Colombia.

Que nos permitan encontrar la fórmula secreta de la aceptación continuada de la bestialidad, la calvicie, la sordera, la zurdez, la derechez, la chatez, la boyaquitud y la pomponiez.

Que nos abran ojos y entendederas para atisbar calcetos, vallenatos, comegatos y pletóricos refundidos.

Y que nos regalen infinitos jueves de poesía y miles de fotogramas de Jairo, de pinturas de Clarita, de minicuentos de Jorge, de cantatas de Claudia, de prestidigitaciones de Carlos y de poemas dichos desde adentro de Giovanni.

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