miércoles, 18 de octubre de 2017

MÚSICA DE CONSULTORIO Y MATINÉ


Frank Pourcel, Paul Mauriat, Ray Coniff y otro que se llamaba James Last, precedidos por Annunzio Mantovani, fueron los Reyes de la "música de consultorio" que sonaba también en los teatros de Bogotá (Scala, Almirante, Trevi, Radio City, El Libertador, Tisquesusa, Metro Riviera, etc.) antes de que empezaran los cortos, dieron lugar a una emisora/empresa que se llamaba Musicar, le dieron mucha platica a los Páez a través de Melodía Estéreo y le encantaba a mi cuñado Enrique. Nunca me gustaron mucho. Siempre me parecieron como el cuchuco al que le quitaron el espinazo de cariagachao servido en vajilla de Limoges. Quizás por los grandes formatos de sus orquestas acercaron a algunos pocos a la música culta. Justamente a mitad de camino pongo a André Rieu que surgió muchos años después. Por el ladito y más tarde, antes de Rieu, aparecieron unos vergajos que hacían como lo mismo en solitario: Richard Clayderman y Jean Claude Borelly. Este es un  recuerdo de 70's y 80's y de algún modo de una Bogotá que se fue.

lunes, 17 de julio de 2017

¡90 AÑOS BIEN VIVIDOS, CARAJO!


Ambos tienen los ojos, los oídos y la voz cansados. Ella por llorar tristezas y alegrías, escuchar secretos y confesiones y pronunciar rogativas y él por leer folios, oír cuitas y dar consejos, todo por otros —hermanos, hijos, nueras, yernos, nietos,  bisnietos y amigos—, sin pausa y sin límites. Viven sin estrecheces pero sin la holgura que merecen por el trabajo incansable y por la generosidad sin mesura. Y creo que de poco tiempo disponen para encontrarse consigo mismos por andar con el pendiente, el uno del otro y en conjunto de los más de sesenta que —por fortuna— giramos a su alrededor. No tienen par en el darse y compartir y constituyen ejemplo vivo de solidaridad con los demás. Hoy son escuela de los más altos valores a los que puede aspirar un hombre encarnada en una docena de personas íntegras y sus familias. En este mundo convulso de hoy el sosiego de ella y la ecuanimidad de él son únicos e inimitables. ¿Cómo no celebrar una vez más la epifanía maravillosa de sus vidas? Suegros amados: exijo a la Providencia que los conserve a nuestro lado aún por muchos años por la sencilla y egoísta razón de que no alcanzamos a imaginar cómo sería posible seguir en el camino sin su luz y sin su aliento.

miércoles, 7 de junio de 2017

DE VILLAMIL, MORALES, RAJALEÑAS Y BAMBUCOS

Jorge Villamil, del Tolima grande, como mi abuelo, coetáneo de mis suegros y médico, como yo, hizo más de doscientas canciones inspiradas y dedicadas, casi todas, al terruño. Fue grande y se le reconoció en vida, como debe ser. Escribió de todo. Javier Solís le grabó "Espumas" y decían que "Oropel" "Los Guaduales y "Llamarada" sonaban en Colombia más que el Himno Nacional. Sus composiciones y las de
José A. Morales les permitieron a los duetos más famosos de la música colombiana alcanzar la gloria. Recuerdo que uno de mis planes preferidos en Girardot, en tiempos del internado, era irme al Bachué -antiguo Hotel Piscina, escenario de los amores de mis viejos- al final de la tarde, casi siempre con mi viejo amigo Fabricio García, pedir una cerveza helada o un aguardientico y sentarme a oír al dueto de bambucos y rajaleñas de turno -siempre eran buenos-. En alguna época me supe una parte del repertorio de Garzón & Collazos y de
Silva & Villalba, rico en piezas de Morales y Villamil, que no faltaba en las serenatas que con mis hermanos Germán, Constanza y Alfredo y mi cuñado Enrique le dábamos a mi mamá por que no era posible encontrar otro regalo que le agradara tanto. Fue ella la que me enseñó muchas de esas canciones y a querer la música de nuestras montañas que nunca he dejado de oír. En los años en que vivimos juntos en México, ni mi esposa, Fabiola Suárez, Fabricio, mis compadres, Xiomara Castillo y Gonzalo Hernández, o yo podíamos evitar que los ojos se nos aguaran por culpa de los pasillos de Zabala y Barrera.
https://youtu.be/2foHsMYWLgM

martes, 22 de noviembre de 2016

THANKSGIVING DAY

No sabían los indígenas que acogieron a los sobrevivientes de la travesía que sus atenciones serían pagadas con el exterminio de sus hermanos. Que nobleza la de los pueblos de América! En todo caso, para todos los familiares y amigos en EEUU, feliz día de acción de gracias!

jueves, 3 de noviembre de 2016

UNA DE CLEMENCIA, EL CHEVROLITO Y LAS VACAS DE FERNANDO

Los Pinto-Suárez siempre quisimos tener una casa de veraneo, aspiración que hoy vemos concretada en "El Asilo". Al poco tiempo de volver de México, como en 1995, Fernando Riaño ofreció en venta la finca del Carmen de Apicalá y un sábado nos fuimos a verla confiados en la experta guianza de Clemencia. Como madre de Silvia que es, "Clemenceau" nos fue indicando el camino sin dudar ni un instante hasta que finalmente, después de 3 horas de recorrer caminos veredales y entradas de fincas y de una encunetada con rotura del tanque de gasolina que se resolvió a punta de jabón REY, logramos determinar que estábamos perdidos por completo. De arepa nos topamos con la entrada de la finca, dejamos el carro en el primer potrero y fuimos a descansar a la casa de Fernando. Tuvimos una superluna que iluminó nuestro baño acompañado de mojitos en la alberquita que usamos de jacuzzi y dormimos arrullados por uno que otro bichito. Al día siguiente vimos que todas las vacas rodeaban amorosamente el carro. Al salir nos dimos cuenta que no era por amor sino porque nunca habían tenido mejor rascadero que las latas del Chevrolito. 

lunes, 4 de abril de 2016

María Paula Pinto, Economista

En contravía del criterio médico de su papá y de su tío "Covo", María Paula decidió ver la luz en el Hospital de México, casi que atropeyadamente, con las luces del amanecer del 14 de enero de 1993. Y poco más tarde definió, con la misma independencia, que nadie peinaría su cabellera magnífica -casi que ni ella misma- y que usaría exclusivamente las ropas que le diera la gana. De ahí en adelante siempre marcó el tiempo e impuso el ritmo de sus juegos, de sus actividades y de sus quehaceres. Nunca Fabiola -cuya intachable labor de madre hoy recibe un merecido premio- o yo tuvimos que urgirla para que cumpliese con un deber escolar o terminara a tiempo una tarea. Siempre se ha aplicado con alma y vida a los asuntos que le han correspondido. Con determinación. Y, claro, con su carácter incomparable y maravilloso. Pues hoy estamos aquí, justamente, celebrando los frutos de esa determinación y ese carácter, de su consagración sin concesiones resuelta únicamente por el convencimiento profundo de lo que debe ser. Cuatro meses atrás, al día siguiente de la culminación del último semestre, le dije a María Paula que éramos 
testigos excepcionales de su denuedo y que por eso estábamos seguros de que hacia adelante, gracias a su disciplina y a su trabajo, recogería abundante cosecha de lo que había sembrado con amor. Ayer recibió el título profesional que reconoce estos años de estudio arduo y que es para Fabiola, para Santiago y para mí un regalo de maravilla que nos colma de felicidad, nos pone a reventar de orgullo y agradecemos infinitamente. Como les agradecemos a todos Ustedes su compañía en este momento fundamental. Gracias a la incondicional familia en cabeza de los abuelitos y los tíos, a los primos que en el seno de este clan son como hermanos, a los padrinos, a Mariela -que ha sido extensión de nuestros ojos y brazos para atender y cuidar a Ma. Paula y a Santiago desde pequeños-, a sus amigas y compañeras de siempre, al McCombo y a todos los queridos amigos nuestros cuyo apoyo siempre hemos dado por descontado. Un reconocimiento especial para Mauricio López y su equipo en Pacto Global por acoger a María Paula, primero como pasante y luego como "junior", y, por supuesto, a los Caycedo y los Balcazar que la adoptaron durante los meses que vivió en sus casas en Ilford y en Evanston. Gracias también y de manera especial a nuestros "Carnalitos" que -no sin dificultades- viajaron a Bogotá para rodear a María Paula en este festejo. De nuevo, van para ti nuestros besos y felicitaciones, hija amada. Sabes que aquí estamos y que como te lo hemos dicho cuentas con nosotros en la próxima etapa de tu viaje vital y en todo él, para lo que sea menester.
El Fulgor, Cogua, 2 de abril de 2016

lunes, 1 de febrero de 2016

Cantinflas

Si alguien mencionara el largo nombre de Mario Fortino Alfonso Villavicencio Moreno Reyes, a pocos, y menos a los más chicos, les resultaría familiar. Pero si dijera que fue un hombre generosísimo que ayudó económicamente a miles de personas en su país y en toda América Latina, que educó a niños colombianos sin recursos -como  lo hizo con un familiar de mi concuñada María Victoria Quijano-, que teniendo el más humilde de los orígenes llegó a ser el más destacado de los comediantes de su generación,
a la cual pertenecieron los hermanos Valdés, Capulina y Resortes, y alma de los estudios de cine de Churubusco, que se ganó la admiración y la amistad de Charles Chaplin, fue un pilar de la cultura mexicana e hispanoamericana del siglo XX y jugó un rol definitivo en la construcción de nuestra identidad, muchos de los que me leen reconocerán al creador y al intérprete de Cantinflas, el "pelado" mexicano por antonomasia, el 
personaje maravilloso e inolvidable de mi juventud y de mi infancia, tan querido en mi casa y por mis padres, tal vez por nuestro viejo vínculo con México. Aún recuerdo el estreno de "Conserje en Condominio" y de "El Barrendero" que vi muchas veces en compañía de mi amigo Tomás Cárdenas. Estas líneas las escribo para no olvidar un episodio familiar relacionado con él. Cantinflas estuvo varias veces en Colombia. En una ocasión, allá por los años cincuenta, la sociedad conformada por los argentinos Gonzalo Amor, el decano del comentario hípico en Colombia que llegó como cantante tanguero,
y Antonio Comas, el conocido "indio" Duarte del "Duelo del Mayoral", el abogado español Pepe Sanchiz y mi suegro, Luis Alberto Suárez Alonso, quien era su representante legal, que había instalado un restaurante y grill en Bogotá, en la calle 19 con carrera 8, especializado en comida española y carnes a la parrilla, llamado La Tranquera, rápidamente aprestigiado y muy frecuentado, trajo a Mario Moreno a su local en Bogotá, resultando la visita en el evento social y farandulero de ese momento. El Doctor Suárez recuerda a Moreno como un tipo dadivoso, de trato afable y entregado al público, confirmando el juicio infalible de los afectos a Cantinflas a lo largo y ancho de Iberoamérica.