lunes, 4 de abril de 2016

María Paula Pinto, Economista

En contravía del criterio médico de su papá y de su tío "Covo", María Paula decidió ver la luz en el Hospital de México, casi que atropeyadamente, con las luces del amanecer del 14 de enero de 1993. Y poco más tarde definió, con la misma independencia, que nadie peinaría su cabellera magnífica -casi que ni ella misma- y que usaría exclusivamente las ropas que le diera la gana. De ahí en adelante siempre marcó el tiempo e impuso el ritmo de sus juegos, de sus actividades y de sus quehaceres. Nunca Fabiola -cuya intachable labor de madre hoy recibe un merecido premio- o yo tuvimos que urgirla para que cumpliese con un deber escolar o terminara a tiempo una tarea. Siempre se ha aplicado con alma y vida a los asuntos que le han correspondido. Con determinación. Y, claro, con su carácter incomparable y maravilloso. Pues hoy estamos aquí, justamente, celebrando los frutos de esa determinación y ese carácter, de su consagración sin concesiones resuelta únicamente por el convencimiento profundo de lo que debe ser. Cuatro meses atrás, al día siguiente de la culminación del último semestre, le dije a María Paula que éramos 
testigos excepcionales de su denuedo y que por eso estábamos seguros de que hacia adelante, gracias a su disciplina y a su trabajo, recogería abundante cosecha de lo que había sembrado con amor. Ayer recibió el título profesional que reconoce estos años de estudio arduo y que es para Fabiola, para Santiago y para mí un regalo de maravilla que nos colma de felicidad, nos pone a reventar de orgullo y agradecemos infinitamente. Como les agradecemos a todos Ustedes su compañía en este momento fundamental. Gracias a la incondicional familia en cabeza de los abuelitos y los tíos, a los primos que en el seno de este clan son como hermanos, a los padrinos, a Mariela -que ha sido extensión de nuestros ojos y brazos para atender y cuidar a Ma. Paula y a Santiago desde pequeños-, a sus amigas y compañeras de siempre, al McCombo y a todos los queridos amigos nuestros cuyo apoyo siempre hemos dado por descontado. Un reconocimiento especial para Mauricio López y su equipo en Pacto Global por acoger a María Paula, primero como pasante y luego como "junior", y, por supuesto, a los Caycedo y los Balcazar que la adoptaron durante los meses que vivió en sus casas en Ilford y en Evanston. Gracias también y de manera especial a nuestros "Carnalitos" que -no sin dificultades- viajaron a Bogotá para rodear a María Paula en este festejo. De nuevo, van para ti nuestros besos y felicitaciones, hija amada. Sabes que aquí estamos y que como te lo hemos dicho cuentas con nosotros en la próxima etapa de tu viaje vital y en todo él, para lo que sea menester.
El Fulgor, Cogua, 2 de abril de 2016

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