sábado, 24 de julio de 2021

EFRAIM ARTURO BONILLA ARCINIEGAS


Acabo de recibir la noticia de la pascua de EFRAIM ARTURO BONILLA ARCINIEGAS. Como se repite a diario, hay docentes y profesores a tutiplén pero muy pocos maestros. 
Pues Bonilla era uno de estos últimos y de excelencia, quizás por que a su estampa bonachona, al amor por lo que hacía, que se le salía por todas partes, a su calidez tan caribe y a su elocuencia, sumaba una capacidad didáctica natural que me resulta inolvidable y que está grabada en muchos pequeños recuerdos. 
Aún guardo las fotocopias del capítulo sobre el divertículo de Meckel cuya lectura nos dejara de tarea alguna tarde cuando cursábamos cirugía pediátrica en el Hospital de la Misericordia y comprobó al día siguiente: —saquen una hojita cualquiera, muchachos, y escriban "divertículo de Meckel"... A ver: diberticulo de mequel, dimertículo de Menkel, divertículo de Merkel... Bueno, peláos del carajo, les voy a explicar desde el principio por que ustedes ¡no se leyeron ni una palabra del libro! 
Uno de los ejemplos de maestría, paciencia y sosiego que guardo es el del Profesor Bonilla enseñándonos los pormenores semiológicos de la estenosis pilórica y su oliva con esfuerzos que no cesaban hasta cuando estaba seguro de que todos habíamos entendido.
Y otro, de tacto, buenas maneras rigor, curia y ética, lo tengo en el recuerdo de su consulta de ambigüedad sexual, junto a Gustavo Malo.

Y cómo no recordar sus charlas verdaderamente magistrales: "... Como dijo Gabo, el mundo se divide entre los que cagan bien y los que cagan mal. Nuestro deber es hacer que los primeros sean cada día más y los últimos cada día menos" –así terminaba su maravillosa conferencia sobre el niño constipado–. 
Y su amor por la Universidad Nacional de Colombia que en sus años dorados aún concretaba a través de sus gestiones en AEXMUN y por el Hospital Universitario Nacional. 
Su entereza ante los ataques aleves e infames de periodistas de pacotilla. 
Su personalidad suavemente arroyadora, como la cadencia del Castellano de su natal Magdalena. 
Lo saludé por última vez en el paraninfo 122 de la Facultad con ocasión de un aniversario de nuestra promoción. Nunca nos tomamos juntos unos tequilas por el entrañable México y su Universidad Nacional Autónoma que a ambos nos acogió y formó. Es un pendiente para la eternidad. 

miércoles, 22 de julio de 2020

DISTRACCIONES DE UN APRENDIZ


Al alba, con las voces de los gallos que aún cantaban en el Bogotá de entonces y el gorjeo de los copetones siempre alineados en las cuerdas de la luz, se despertaba, encendía el primer cigarrillo del día y, aún adormilado, se cubría con la levantadora pañosa y bajaba a la cocina a hervir el agua de su primer café negro de la mañana. Entonces se torturaba con la ducha helada necesaria para permanecer despierto y atento durante las clases de Gerardo Molina, del hacendista Lleras Restrepo, de Don Luis López de Mesa y del Maestro Julio Carrizosa. No perdía ni una palabra en sus apuntes de clase que a la noche mecanografiaba en varias copias. Al día siguiente las vendía en la Facultad a los mejores postores que solían ser los más vagos, dos de ellos, además, sus vecinos. Esa labor de las noches le permitía estar al día en los estudios y le dejaba libre en las tardes que terminó empleando en visitar a los médicos de la ciudad, no como paciente, pues conservaba una buena salud a pesar de haber dejado el atletismo hacía ya años, sino como representante de Winthrop, el laboratorio norteamericano, a instancias y por gestión de su padre, el Doctor Luis Suárez. Se entretenía caminando por las calles tranquilas, de consultorio en consultorio, con el pucho colgando de su boca que bien financiaba con los 30 pesos que le daban por llevar los folletos y las muestras de fármacos, en verdad a las secretarias y enfermeras de las clínicas, pues los cirujanos y clínicos, siempre atareadísimos, no lo recibían nunca. Conforme, no volvió a preocuparse por estudiar los prospectos ni las fichas de los medicamentos que promocionaba. De lo que sí estaba al pendiente era de que no faltarán confites en sus bolsillos para mantener un agradable coqueteo con las muchachas que terminaban por atenderlo. Una tarde Alfonso Bonilla, el joven cirujano, extrañamente lo hizo pasar a la oficina —quizás asaltado por una ola de calidez caribe por cuenta de su origen cartagenero— y lo sorprendió. Al preguntarle por la posología y los efectos secundarios del elixir de temporada no encontró más respuesta que el sartal de incoherencias que atropelladamente escapó de la boca de Luis Alberto o, más bien de su memoria dispar. El "Loco" Bonilla le comentó la falta al gerente médico del laboratorio esa misma noche en una reunión en el Club Médico, más como anécdota que como queja, pero la consecuencia fue draconiana: despido fulminante. No le quedó de otra al pichón de jurista que hacerse cliente asiduo del Windsor, el Automático y el Saint Moritz. Ahí tinteaba, estudiaba y aprendía. Escribía los trabajos y ensayos que encargaban los profesores para él y para los condiscípulos perezosos que con esos escritos de su pluma lograban mejor calificación que él mismo. El temprano "fracaso" laboral con la farmacéutica terminó ayudándole a ser un muy buen abogado pero sobre todo un gran billarista.


sábado, 30 de mayo de 2020

Un tributo con ocasión de una anécdota

Arturo Escobar recordaba por estos días que una noche en el Salon Monserrate  del Hotel Tequendama Jairo Escobar convenció al legendario Leo Marini de ir con ellos a poner serenata para terminar, en cambio y a petición del mendocino, recorriendo a lo largo del resto de la noche y hasta el alba todos los grilles de Bogotá, acompañándolo a cantar como espontáneo con la orquesta de cada uno de ellos. Dice Arturo que los músicos, los meseros y los clientes de los bares se frotaban los ojos de verlo ahí, de improviso, cantando Caribe soy, Señora bonita, Tomando té.
Ese era el hombre. Es irrelevante discutir si fue un gran hacendista, un consumado abogado o un gran político por que lo que sí fue con certeza fue un enamorado impenitente de la vida, del Tolima, de la tierra caliente de nuestros mayores y de la felicidad que mal se diría que buscó sin tregua porque lo que hizo fue ejercerla siempre. De la Esquina del Tango a los juegos de banquitas del parque del barrio con nosotros, los chinos, del entrañable Bachué a las nocturnas del Trevi o del Centro Granahorrar con nosotros, malos aprendices de esa versión mejorada y criolla de su epicureismo tranquilo y sabroso que en su biblioteca, por momentos, tuvimos nuestro Jardín.
Valga la anécdota maravillosa de Arturo para rendir un tributo al querido Jairo Escobar Cifuentes quien me hizo cogerle el gusto a Patricia González, a Roberto Ledesma y a tantos otros.
https://www.facebook.com/1697642400458627/posts/2240738652815663/?sfnsn=scwspwa&extid=fDHGMgLCdXzhdBOO&d=w&vh=e

domingo, 17 de mayo de 2020

60s DE JAIME VÁSQUEZ

Hoy cumpliría 60 nuestro querido Urco, que tan tempranamente nos dejó. Brindo en homenaje a su memoria. Fue y a través de su familia sigue siendo mi gran amigo. Con casi nadie más he tenido tanto en común en mi vida. En mi clan familiar lo quisieron mucho y ni hablar de  mi mamá que de sólo verlo empezaba a sonreír. Jaime era inteligencia en estado puro y por su generosidad me hizo su llave, su pana, su cuate, su hermano, y me permitió compartir felizmente incontables amanecidas, viajes, paseos y conversaciones sin fin, con fútbol, política, literatura, filosofía, carreta en abundancia, sarcasmo, buena y maledicencia, copas, lágrimas y carcajadas que contagiaban. El crater que nos hizo la ida de Jaime lo único que ha hecho es crecer. ¡Qué guayabo berraco este de hoy! Mi abrazo estrecho siempre pero muy especialmente en este día para Armando y Diana, Nacho, Nico y Juliana y también para Natacha, Mauricio, Ricardo, Camilo, Rafa, André, Germán, Ramón y José Luis.


https://www.youtube.com/watch?v=I1msv8JgN38
https://open.spotify.com/playlist/3PeX79pe4rTjEKUbhDu6HX?si=0dnmznRASEeBhks5TKaZAw

martes, 7 de abril de 2020

QEPD DON PEDRO SALMERÓN SUEVOS

Ha partido Don Pedro Salmerón Suevos después de lidiar con una enfermedad infame que no merecía y se ensañó con él robándole el alma injusta y tempranamente y desmoronándolo hasta el polvo. Estuve a su lado como alumno, aprendiéndole a trabajar, durante los años de la residencia y tuve su tutela en mi tesis de grado. Hombre culto, pianista, buen conversador, rico en anécdotas y muy pragmático, con gesto inamovible tenía siempre una ocurrencia a flor de labios y un comentario inteligente y a menudo mordaz sobe las circunstancias del momento. Le tuve un aprecio grande. Fue muy deferente conmigo. Tuvo el detalle cálido y gentil de invitarnos a cenar al terminar la especialización en un lugar de comida española de la Colonia Roma que le encantaba, en una demostración de afecto que nos conmovió, especialmente a María Helena de Urquijo, a Jaime Morales y a mi. Si la mala memoria no me falla, creo que quizás fue el primer neurorradiólogo que formó Don Jesús Rodríguez en el Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía. Reconocido también como historiador por excelencia de la Medicina y de la Radiología Mexicanas, una más de sus facetas humanísticas, fue docente de distintas y notables universidades de la CDMX, Presidente de la Federación Mexicana de Radiología e Imagen, del Colegio Nacional de Médicos Especialistas en Radiología e Imagen y del Consejo Mexicano de Radiología e Imagen, miembro fundador de la Sociedad Mexicana de Neurorradiología y, por supuesto, socio del Grupo CT Scanner, organización líder del diagnóstico por imágenes de la República Mexicana. Se fue entonces Don Perico sin poder cumplir su promesa de visitar Colombia. QEPD —lo necesitaba—.

miércoles, 19 de febrero de 2020

Richard Blabor (algo más)

Chucho Saavedra con Elvia y su familia. Sentada a su izquierda, de 95 añitos, Mamá Benilda, abuela de mi mamá, nuestra bisabuela y tatarabuela de Natis, Nico, Maria, Lina, Ma. Paula y Santiago.


Papá Alfredo Saavedra, hijo bastardo del médico inglés Richard Blabor y de la santandereana Margarita Saavedra, que, si mal no estoy, vino a nacer, como sus hermanos Carlos, Margarita, Emilia y Antonio, en Fusa, tuvo con Mamá Benilda Carrillo a Heliodoro, nuestro abuelo, a Adiodato, a Chucho, a Manuel y a Bernardo, todos de Cáqueza.

Carlos (Blabor) Saavedra y su Señora (Hernández)

Alfredo (Blabor) Saavedra

Benilda Carrillo (tal vez con cuatro de los hijos de Chucho)


Adiodato fue el padre de Guillermo, músico, Pedro, bacteriólogo, Polo, médico, padre del inolvidable Polín, mi colega Jaime, Álvaro, Clara y Yeya e influencia determinante en mi carrera profesional, Teresa, Blanca, la querida Josefina, Maruja, la mamá de Chelita y suegra de Héctor Chamorro, y Leonor, esposa de Hernán Santos y mamá de Constanza y Martha, muy guapa, casada con Hernán –que era todo un personaje y que hizo buenas migas con mi papá–, quien siendo la menor de sus hermanas fue la primera en partir, creo que por un cáncer que la destrozó; eso le dio muy duro a mi mamá. Constanza Santos fue muy amiga de Martha Mesa Pinto porque estudiaron juntas en el Carmelo, creo. Y, por las vueltas de la vida, Leonor tuvo casa en la Bella Suiza y cuando la vendió quedó en manos de Jairo y Maria Eugenia –amiga de Clemencia García–, los papás de Jorge Mario Escobar Villegas, nuestro amigo.

Chucho era enorme, cariñoso y lleno de historias. Recuerdo las visitas a San Bernardo donde fue de todo, como Papá Alfredo en Cáqueza. De los de Chucho y Elvia, nacidos tal vez todos allá en San Bernardo, tengo presentes a Chuchín, ingeniero, que se radicó en Neiva, a Carola, arquitecta, como su hijo Gustavo, el de la FLACSO, a Elvia, matemática, a Cecilia, a Alfredo, a Yolanda, a Cecilia, a Alix y a Gilma, madre de Rocío, si la memoria no me engaña.



Rocío y yo de pajecitos


A Manuel íbamos a visitarlo a Sibaté y comíamos fresas con crema y empanadas chilenas. Era una lámina de hombre, como decía mi mamá, alto, ojizarco, blanquísimo, muy bien puesto y amable.

El Bernardo que conocí era igualito al papá Alfredo de las fotos y tuvo muy larga vida a pesar de una diabetes proverbial, siempre fuera de control.

lunes, 3 de febrero de 2020

GUARNETO, In Memoriam




El Dr Romero fue muy deferente y especial conmigo. Fui su ayudante quirúrgico de ocasión en Marly y en la Policía por cuenta de su generosidad y su queridura, me recibió para algunas tonterías de pelao en su consultorio de las Torres de San José y fue correcto en asuntos de salud de mi mamá cuando fungía como Consejero del Servicio Médico del Banco de la República. Creo además que fue buen Profesor y además era un cirujano sólidamente formado y merecidamente laureado (Premio Nacional de Medicina). Paz en su tumba.