sábado, 15 de septiembre de 2018

DE NÚMEROS

Por la mala educación para mi las matemáticas fueron siempre "el coco", "arameo" indescifrable. Eso pesó al extremo en mi decisión de dedicarme a la medicina. Cuando llegué a cursar matemática moderna (MM) 2 en segundo de bachillerato al Colegio Refous, sin tener ninguna fundamentación, la cosa se transformó en tragedia permanente. Tan sólo tuve algún éxito mínimo y momentáneo con la geometría analítica por virtud de Nohora Beatriz Carrasco —RIP—, que no mía, siendo entonces yo el primer sorprendido. Digo mal que sólo con analítica obtuve una calificación en negro —todas eran rojas—. En los infaltables cursos remediales de fin de año ocurría siempre una epifanía orquestada por Roland Jeangros. El "Mono" hacía que —en matemáticas—, los ciegos vieran, los sordos escucharan y los mudos hablaran con elocuencia y locuacidad. Mi salvavidas, en verdad, fue mi entrañable amigo Germán Valderrama. Un par de días antes de cada previa —les llamábamos chequeos— Germancho nos metía a otros discapacitados numéricos y a mi en la biblioteca de su casa y armado de textos de la Editorial McGraw-Hill nos daba uno o tres trucos para pasar la prueba con tres peláo o para perderla por poco. Pero la vida te recompensa en formas impensables y conmigo lo hizo a través de mis hijos que son matemáticos de excelencia y que por lo mismo se destacan, María Paula en el trabajo y Santiago en la academia, al punto de haber alcanzado los créditos para obtener el "minor", pues su pregrado es en física. Semejante regalo de natura dado a mis "chinitos" me reconcilia con los números que bien sé, son el lenguaje del cosmos.

martes, 3 de julio de 2018

POR LOS 30s


POR LOS 30s

Bienvenidos, entrañables doctores, a esta celebración del amor.

Amor a un oficio desdibujado y perdido de norte —que en sus practicantes parece haber olvidado que se debe a la gente y no a otras cosas como la sed insaciable del dinero por el dinero— pero noble, el más noble de todos y por cuya nobleza incomparable sabrá retomar el rumbo.

Y cariño sinigual a una Universidad, la mejor de Colombia, que con igualdad y un tanto de equidad nos dio la oportunidad de formarnos y la apertura mental necesaria para que tomáramos los más diversos caminos.

Hoy ejercemos en la docencia, en la asistencia o en el consejo, en la ortodoxia o en diferentes alternativas, pero todos, de seguro, con limpieza de corazón, así estemos en cola para que nos atienda el Torero, llegando a muy distintos rincones de este mundo donde Claudias y Lolas, aves canoras y de corto vuelo, chatas y menudencias se han sabido abrir campo, no sin batallar.

Desde el austral Chile, con sus Andes nevados, sus manzanas y duraznos, sus mariscos y sus peces, Pablo Neruda, Nicanor Parra, Gabriela Mistral y Jorge Rojas, que ha dado abrigo a "Jota", al "Chato" y a "Melco", hasta la fría pero tolerante e igualitaria Suecia, con su eneldo aromante, sus ricos arenques y su capacidad de reconocer y premiar la otredad, como lo ha hecho con la laureada Kenny.

Desde México y sus colores, sus muralistas, su Rulfo, su Sor Juana, sus guitarrones y su olor y sabor a tortilla, casa de "Piolín" y segunda patria de "Cusumbo", de "Covo" y de "Pomponio", hasta la vieja Hispania que envolviéndonos en buen vino y en los versos de Alberti y Hernández, de Cernuda y Lorca, de Machado y Aleixandre nos abraza en la magnífica lengua cervantina y hoy alberga a Manuel, Ómar, Guillermo y Sabul.

Y, en Colombia, hacemos presencia del sonoro Cesar de Juancho hasta la Orinoquía y la Amazonía infinitas de Jorge y del Pacífico sabroso y diverso —con Rafa en Cali— a la frontera imaginada con nuestra querida Venezuela, comarca de Gustavo, Holmes y nuestro "Alacrán".

El aniversario que hoy nos congrega es ocasión que se engalana por la visita ex profeso de la legión extranjera con la representación de Ernesto, Judy y María Esther, desde EEUU, de Guillermo y Saúl desde España, de José Manuel y Milciades, desde Chile y de Margoth desde la tierra de la pura vida.

Es menester hacer en este momento un paréntesis para reconocer a la Facultad y a sus profesores.

A los queridos Maribel, Alfonso y Eduardo y a todos aquellos de esta generación que han aportado su cuota docente a nuestra Escuela.

Y a los Maestros. A los que nos educaron y a quienes nos inspiraron.

A Alfredo Rubiano, el turco Fayad, Harlem Poveda, Jorge Ospina, Ariel Ruiz y Dimas Rincón.

Al loco Laverde, el Profe Reverend, el Doctor Farias, Cicerón Fandiño, Augusto Castro y Susana de Onatra.

A Mora Izquierdo, Efraín Bonilla, Santiago Currea, Mizrahin Méndez, Bernardo Reyes, Gustavo Malo, Ricardo Alvarado y Augusto Corredor.

A Héctor Tejada, Jairo Bonilla, Miguel Guzmán, el Doctor Rojitas, Armando López, Andrés Roselli, Luz Angela Osorio y Ricardo Molina.

A Chepe Rodríguez, Lucía Parra, Agustín Castillo, Guillermo Oliveros, Felisa Guarin, Gabriel Toro y Magnolia Arango.

Y a todos a quienes cada uno de nosotros recuerda por su impronta positiva.

También celebramos esta vez el afecto inmenso por un hospital histórico en el que nació y se hizo grande la medicina colombiana, que esperamos logre algún día la resurrección y que hoy vive, de alguna manera, en nuestro Hospital Universitario Nacional de Colombia.

Y festejamos, especialmente, el amor a unos compañeros a los que tantos años de vida compartida y solidaridad, en el aprendizaje, el ejercicio médico, el colegaje y la amistad, nos han hermanado definitivamente.

Que esta noche estemos aquí es la demostración incontrovertible de semejante fraternidad.

Y sabemos que no ha sido ni es fácil.

Hemos tenido que superar diferencias extremas en la concepción misma de humanidad y vida y aún en los esquemas axiológicos que nos guían.

Pero nos juntamos aquí y ahora en un abrazo cálido y muy estrecho para congratularnos.

Y es que motivos de festejo y celebración, como queda dicho, los hay todos.

Pero alcanzar 30 años de entrega al arte de la medicina es "per se" un logro extraordinario.

Es media existencia llena de fracasos y de éxitos, de alegrías y sinsabores, durante la que —siempre rodando y buscando— muchos hemos encontrado nuestro lugar, consolidado familias, hecho vida.

Otros —en avanzada— han partido:

El chispeante Alexander Ortegón,

Monsieur le Professeur, Alfredo Vargas,

Fernando Arbeláez, nuestro buen "Vampirito",

Jaime La Torre, el amable "Marthica",

José Luis Martínez, el genial "Saco'e Plomo",

y los queridísimos Manuela Salgado, Zenaida Cuervo, Carlitos López, "El Paisa", "Chucho" Romero, Lucy Perea y César Rolón.

En su recuerdo les pido que se levanten y en silencio les entreguen sus pensamientos.

(En Orihuela, su pueblo y el mío, se
me ha muerto como del rayo Ramón Sijé, con quien tanto quería.)

Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.
Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas
daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.
Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.
No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.
Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.
Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.
No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.
En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.
Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.
Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.
Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera
de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.
Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irá a cada lado
disputando tu novia y las abejas.
Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.
A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.

Amigos: esta noche, plenos de gratitud, le pedimos al Destino, la Providencia, el Altísimo, la Nada, Alá, Zarathustra, Dios, Yahveh, Yin, Yang y hasta Tintán que nos concedan la gracia de celebrar 60 Años de Egresados de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Colombia.

Que nos permitan encontrar la fórmula secreta de la aceptación continuada de la bestialidad, la calvicie, la sordera, la zurdez, la derechez, la chatez, la boyaquitud y la pomponiez.

Que nos abran ojos y entendederas para atisbar calcetos, vallenatos, comegatos y pletóricos refundidos.

Y que nos regalen infinitos jueves de poesía y miles de fotogramas de Jairo, de pinturas de Clarita, de minicuentos de Jorge, de cantatas de Claudia, de prestidigitaciones de Carlos y de poemas dichos desde adentro de Giovanni.

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miércoles, 13 de junio de 2018

EN UN TAXI


Este es un fragmento de mi charla de esta mañana con la Señora que me trajo al Policlínico:

- No me voy a poner a hablar de política con Usted. Sólo permítame preguntarle ¿por quién va a votar?

-Mire, Señor. Yo soy policía retirada. Capitán. Con 16 policías a mi mando estábamos en comisión en Casanare. La orden que habíamos recibido era la de realizar un allanamiento. Pero no hubo tal.  Era una emboscada tendida por paramilitares por orden de Presidencia para mostrar que la patrulla había sido victima de un ataque guerrillero, todo en el ambiente tan complicado por cuenta de lo de "Ralito". Nos balearon. Murieron 13 de mis muchachos y los otros 3 y yo quedamos heridos de gravedad. Mis piernas y mis brazos recibieron muchos impactos y por las heridas en el pecho perdí un seno. Usted no sabe lo que es no poder hacer nada por su gente. Usted no sabe lo que es que le maten a 13 "peláos" solo para justificar que la guerra necesita hacerse con más fuerza, que los paracos han sido importantes. Yo no pude con eso. Pedí la baja y aún estoy dando la pelea para que me reconozcan la pensión justa que me corresponde. Estoy recuperada y tranquila trabajando en transporte pero no puedo permitir que volvamos a lo que yo viví. Yo soy una llanera y mis muchachos eran campesinos. A mi me tocó sacar a mi hijo de aquí. ¿Cómo va a volver este país a lo de antes? Por eso voy a votar por Petro, contra Duque, contra Uribe, contra los paracos que me hicieron eso, contra la guerra.

miércoles, 23 de mayo de 2018

DOÑA TERESA

En la flor de sus 87 años partió hace minutos Doña Teresa de Hernández. Desde la primera vez que entré a su casa de Cedritos me acogió como a un hijo más y me dió todas las licencias y gabelas de suerte que me sintiera a mis anchas, como en mi propia casa, eso sí teniendo que aguantarme sus bromas y comentarios llenos de inteligencia. Por mi hermandad con Gonzalo hizo de mi Mamá su amiga, y con alguna frecuencia la visitaba en su apartamento de la avenida novena, mientras fueron vecinas. Siempre que hablábamos o nos encontrábamos convertía la ocasión en un acontecimiento y nunca dejó de darme inmerecido reconocimiento como médico de confianza, al extremo de llamarme, a veces antes que a nadie, para contarme sus cuitas. Le brindó a Fabiola todo su cariño en cada oportunidad que compartieron y nunca le faltó tiempo para enseñarnos las nuevas matas sembradas en su precioso jardín. He conocido en mi vida a muy pocas personas, en este momento sólo me acuerdo de mi madre, con la determinación, la fuerza de voluntad, la vitalidad, la laboriosidad, el carácter y la tenacidad de Doña Teresa, virtudes en ella tan magníficas que le permitieron sacar adelante una familia tan grande y, como me lo manifestó mi compadre, hacer lo que le dio la gana, siempre con apego a sus convicciones. La despido lleno de dolor por la certeza del peso de su ausencia. Descanse en paz.

miércoles, 28 de febrero de 2018

MARIA EUGENIA VILLEGAS DE ESCOBAR

Acabo de recibir la noticia de la partida de MARÍA EUGENIA.
De las maravillosas mamás de la Bella Suiza, fue Mariú la más cercana, cariñosa, comprensiva y compinche de todas con la recua de chinos que nos acuartelábamos a parrandear en la biblioteca de su casa.
Se fue en realidad una gran amiga. Paz en su tumba y cariñoso saludo solidario para Ana María, Carolina, Arturo y Jorge Mario y para sus familias.

viernes, 1 de diciembre de 2017

CATALUÑA 2017

CATALUÑA 2017
Por RAPS
[10/11 2:09 p. m.]

Me pregunto:  ¿será que la solución a la zoo/suciedad de España que enferma a sus comunidades autónomas o de Colombia que afecta a sus departamentos es el separatismo? ¿En Colombia se terminará el problema de las cortes y las cámaras fletadas y el erario espoliado con Antioquia Independiente, Atlántico Independiente, Valle del Cauca Independiente, medio Cauca Independiente, Etc. Etc. Etc. ?
En la Madre Patria el que sí salió ganando fue el sucio y baboso gallego del Rajoy por cuenta de la brevedad de vistas de Puigdemont & his combo.
Pinche gobierno del gallego tenía la lápida pegada al trasero y entre unos y otros lo revivieron .
   *   *   *  

domingo, 26 de noviembre de 2017

ASESINATO

Llegó bien de mañana. Saludó a Parmenio, el viejo y noble portero boyacense que a pesar de los achaques y de los años se resistía, más en alma que en cuerpo, a abandonar la garita de la entrada, como si le conociera de toda una vida, muy larga, y se sentó en el centro de la sala de espera, entonces colmada por los pacientes que estoicamente aguardaban el chuzón de la jeringa de laboratorio o el momento impúdico de desnudarse ante el tubo de rayos X.
No se sometió al improbable pero previsible intento de saludo de las facturadoras:
— ¡Cédula!
O de las enfermeras del servicio de atención al usuario, disfrazadas de ángeles, no necesariamente caídos:
— ¡Carné!
Sólo aguardó a que llegara. Pacientemente. Como Penélope. En la espera atenta estiró las piernas más de un par de veces para comprar en la chaza del frente un té de hierbas hirviente.
Hombres y mujeres, unos añosos y otros jóvenes y llenos de energía odiosa, desfilaron ante los mostradores desprovistos de toda vergüenza:
—Tengo cita para mamografía...
—... Triglicéridos...
—... Tomografía de tórax...
—Vengo a ecografía transvaginal...
Nunca la había visto ni oído pero conocía sus formas, su voz. Y también su aroma. Presentía sus ritmos, su cadencia. Por eso cuando entró lo supo. Era ella. Tan sólo un palmo más pequeña que él, la tez y sus manos de un tono que denunciaba el faltante de horas de sol. Llevaba unos pantalones de mezclilla poco ajustados pero que permitían adivinar piernas firmes y caderas generosas. El pelo de color incierto pero adornado por algunas canas venía atado en una bamba de colores y como una colita llegaba a la espalda, no muy gruesa, entre los hombros. Cuando la dependiente le pidió sus documentos giró y él pudo comprobar que los ojos, más bien grandes, iban del ámbar al marrón y eran dos reflectores de luz cálida puestos sobre una nariz sin recato. Confiado, escuchó sus repuestas a la casi indagatoria que formuló la chica del ordenador. Supo su nombre y su edad, su I. D. y dónde vivía. Cuando la llamaron para examinarla compró la última tisana de la mañana y la bebió de pié, al lado de la chaza, muy lentamente, tanto que el sorbo final estaba frío. Y ella salió. Caminó detrás, a unos metros, tomando su paso. Unos minutos después, mientras ella compraba el pasaje en la taquilla, se adelantó, con su tarjeta marcó el pago en el torniquete de la entrada a la estación y se detuvo frente a las puertas de embarque. Ella le alcanzó y al tiempo abordaron el mismo vagón. No había lugar para sentarse. En la batalla por la acomodación la bolsa azul de sus resultados cayó al piso y él se precipitó a levantarla como si de salvar la vida de un náufrago se tratara.
—Se le cayó. Aquí tiene.
—Ay! Muchas gracias.
—Por nada. Oiga, Usted me parece conocida. ¿Dónde la he visto?
—Mmm... No sé, no creo.
—¿Trabaja en el Banco Central?
—No.
—¿O tal vez por los lados del Polo?
—Vivo por ahí.
—¿Ah sí? Pues yo voy para allá. Tengo que recoger las compras que semanalmente hace Doña Helena, la mamá de un viejo amigo que no vive en Bogotá, y llevarle las bolsas a su casa. La conocen en el Carulla del barrio desde cuando inauguraron el almacén. Ahora, por los años que tiene y los problemas de salud, le cuesta mucho moverse y yo le hago ese favorcito que no es nada para mi y que me permite el gusto de pasar a verla.
—Yo también me bajo en el Polo. Voy para la casa. Ando mal de la espalda y estoy incapacitada.
—¿Y eso?
—Es que yo salgo a trotar por las mañanas y algo debí hacer mal hace unas semanas por que de ahí para acá vengo con un dolor permanente.
—Ah, por eso la bolsa...
—Sí. Me estaba haciendo una resonancia que me mandó el médico. Rezumbancia debería llamarse eso por que eso es mucho ruidajo tan terrible el del aparato ese en el que lo meten a uno.
—¡Jajajajajá! Discúlpeme, me dio risa lo de la rezumbancia. Ojalá le haya salido bien y no sea nada grave. Me imagino que lo que debe tener es algo muscular, por lo que Usted corre. No debe ser nada serio.
—Eso espero.
—Siempre que veo esas bolsas de exámenes del Instituto me pregunto ¿por qué les habrán puesto a unos pingüinos?
—¡Jejejeje! Sí. Es chistoso, ¿no? Son como una familia los pingüinos esos. Habrán pensado que es una forma de mandarle el mensaje a la gente de que el Instituto y sus pacientes son como eso, una familia. Cosas de los publicistas, de los de mercadeo, me imagino.
—Ya llegamos. Bajaron del bus y caminaron juntos hasta el parque del Polo, como si se conocieran. En la misma forma en que habían estado hablando desde que él recogió la bolsa. Sin temores —extrañamente—. Entonces dio el golpe.
—¿Le provoca un tinto?
—Bueno.
Se sentaron en las mesitas de afuera del pequeño café de la esquina. En ese momento supo que el crimen estaba cometido. Que la había matado. En realidad la habían matado. La soledad, su espantosa soledad y la de ella, ya no era de este mundo, no del suyo, no del de ambos.