La partida de Jaime nos resulta tremendamente dolorosa porque, como todos los de su estirpe, era de una bonhomía sin par, fue mi maestro en el oficio y con tu mamá, con tu hermano y contigo nos acogieron y arroparon en México en un derroche de amor y generosidad que jamás olvidaremos y que ha sido y será una deuda imposible de cancelar. Parte un gran médico pero a mí se me va un primo del corazón, determinante en mi periplo vital. Sé que hoy él está de fiesta al encontrarse con tus abuelos, Polín, Yeya y los que se nos han adelantado en el viaje. Nos corresponde conformarnos y consolarnos con su recuerdo y su legado magníficos, Pablo. Nuestros abrazos para tí, tu mamá, Santiago y sus Familias.
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