Me cuesta el credo turbayista de crimen sí pero en sus justas proporciones.
Personas cercanas se encolerizan y me mandan a tomar por culo con mi "radicalismo" pero es que hay posturas que me resultan en paralelo a, verbigracia, ver con ojos buenos a Le Pen y Bardella porque Macron no funcionó como queríamos y Mélenchon no nos gusta por cómo dice las cosas, terminando entonces por validar el fascismo.
Se critica a la administración de Gustavo Petro la improvisación, la falla de algunos funcionarios, la dificultad para lograr consensos y acuerdos —sin considerar que no ha habido interlocutores sino opositores biliosos y viscerales— y la imperfección en la atención sanitaria que hoy corre por cuenta de las compañías del aseguramiento, concluyendo que lo que había antes del actual gobierno era mejor por que aunque robaban a manos llenas la cosa andaba (en las grandes ciudades y no para todos los estratos, preciso yo).
La crisis anunciada e inevitable de la salud en Colombia, que para si no evitarla al menos mitigarla iba la reforma que en el parlamento hundieron, se profundiza.
Avanza (por que los gángsters dueños de ese negocio no cesan en ejercer todo tipo de presiones para que siga y se aumente el flujo descontrolado de billones del tesoro público al barril sin fondo de sus negociados torcidos y se suspenda todo tipo de intervención y auditoría) y en este momento incluye las infamias del cese de pagos de las EPS a las IPS y a los proveedores y la suspensión de autorizaciones de diagnósticos y tratamientos y de remisiones para ellos (los médicos, por tanto, con el trabajo y el ingreso mermados, por cuanto trabajan a destajo), aún cuando reciben por adelantado los recursos para el efecto.
Este mundo que nos está tocando ver en los últimos tiempos es una verdadera vergüenza.
Estoy gagá, seguramente.
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