Los viejos de nosotros, los de la cofradía de la Bella Suiza, son, de alguna manera, una suerte de tíos inolvidables por querendones. Así siente uno la partida de Pablo, como la de un tío afable y, en su caso, culto, elocuente, sabedor, tolerante, grato. Buen viaje, coreamos hoy. En un tiempo, ojalá lejano, lo alcanzaremos, porque todos estamos haciendo la cola, atina Tomás. En preparación le diremos al embolador, justo como Pablo cantaba, impostando la voz y en tono mamagallístico, frente al insuperable plato de spaghetti de Carolina y la infaltable copa de Chianti de los domingos en la noche que generosamente compartía con la recua de amigos (hermanos) de sus hijos –Tomás, Juan, Ricardo, Pablo, Mayito, Mickey, Elo–: "... échele betún, échele betún a la bota, échele betún, échele betún que no hay otra... ".
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