viernes, 1 de diciembre de 2017

CATALUÑA 2017

CATALUÑA 2017
Por RAPS
[10/11 2:09 p. m.]

Me pregunto:  ¿será que la solución a la zoo/suciedad de España que enferma a sus comunidades autónomas o de Colombia que afecta a sus departamentos es el separatismo? ¿En Colombia se terminará el problema de las cortes y las cámaras fletadas y el erario espoliado con Antioquia Independiente, Atlántico Independiente, Valle del Cauca Independiente, medio Cauca Independiente, Etc. Etc. Etc. ?
En la Madre Patria el que sí salió ganando fue el sucio y baboso gallego del Rajoy por cuenta de la brevedad de vistas de Puigdemont & his combo.
Pinche gobierno del gallego tenía la lápida pegada al trasero y entre unos y otros lo revivieron .
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domingo, 26 de noviembre de 2017

ASESINATO

Llegó bien de mañana. Saludó a Parmenio, el viejo y noble portero boyacense que a pesar de los achaques y de los años se resistía, más en alma que en cuerpo, a abandonar la garita de la entrada, como si le conociera de toda una vida, muy larga, y se sentó en el centro de la sala de espera, entonces colmada por los pacientes que estoicamente aguardaban el chuzón de la jeringa de laboratorio o el momento impúdico de desnudarse ante el tubo de rayos X.
No se sometió al improbable pero previsible intento de saludo de las facturadoras:
— ¡Cédula!
O de las enfermeras del servicio de atención al usuario, disfrazadas de ángeles, no necesariamente caídos:
— ¡Carné!
Sólo aguardó a que llegara. Pacientemente. Como Penélope. En la espera atenta estiró las piernas más de un par de veces para comprar en la chaza del frente un té de hierbas hirviente.
Hombres y mujeres, unos añosos y otros jóvenes y llenos de energía odiosa, desfilaron ante los mostradores desprovistos de toda vergüenza:
—Tengo cita para mamografía...
—... Triglicéridos...
—... Tomografía de tórax...
—Vengo a ecografía transvaginal...
Nunca la había visto ni oído pero conocía sus formas, su voz. Y también su aroma. Presentía sus ritmos, su cadencia. Por eso cuando entró lo supo. Era ella. Tan sólo un palmo más pequeña que él, la tez y sus manos de un tono que denunciaba el faltante de horas de sol. Llevaba unos pantalones de mezclilla poco ajustados pero que permitían adivinar piernas firmes y caderas generosas. El pelo de color incierto pero adornado por algunas canas venía atado en una bamba de colores y como una colita llegaba a la espalda, no muy gruesa, entre los hombros. Cuando la dependiente le pidió sus documentos giró y él pudo comprobar que los ojos, más bien grandes, iban del ámbar al marrón y eran dos reflectores de luz cálida puestos sobre una nariz sin recato. Confiado, escuchó sus repuestas a la casi indagatoria que formuló la chica del ordenador. Supo su nombre y su edad, su I. D. y dónde vivía. Cuando la llamaron para examinarla compró la última tisana de la mañana y la bebió de pié, al lado de la chaza, muy lentamente, tanto que el sorbo final estaba frío. Y ella salió. Caminó detrás, a unos metros, tomando su paso. Unos minutos después, mientras ella compraba el pasaje en la taquilla, se adelantó, con su tarjeta marcó el pago en el torniquete de la entrada a la estación y se detuvo frente a las puertas de embarque. Ella le alcanzó y al tiempo abordaron el mismo vagón. No había lugar para sentarse. En la batalla por la acomodación la bolsa azul de sus resultados cayó al piso y él se precipitó a levantarla como si de salvar la vida de un náufrago se tratara.
—Se le cayó. Aquí tiene.
—Ay! Muchas gracias.
—Por nada. Oiga, Usted me parece conocida. ¿Dónde la he visto?
—Mmm... No sé, no creo.
—¿Trabaja en el Banco Central?
—No.
—¿O tal vez por los lados del Polo?
—Vivo por ahí.
—¿Ah sí? Pues yo voy para allá. Tengo que recoger las compras que semanalmente hace Doña Helena, la mamá de un viejo amigo que no vive en Bogotá, y llevarle las bolsas a su casa. La conocen en el Carulla del barrio desde cuando inauguraron el almacén. Ahora, por los años que tiene y los problemas de salud, le cuesta mucho moverse y yo le hago ese favorcito que no es nada para mi y que me permite el gusto de pasar a verla.
—Yo también me bajo en el Polo. Voy para la casa. Ando mal de la espalda y estoy incapacitada.
—¿Y eso?
—Es que yo salgo a trotar por las mañanas y algo debí hacer mal hace unas semanas por que de ahí para acá vengo con un dolor permanente.
—Ah, por eso la bolsa...
—Sí. Me estaba haciendo una resonancia que me mandó el médico. Rezumbancia debería llamarse eso por que eso es mucho ruidajo tan terrible el del aparato ese en el que lo meten a uno.
—¡Jajajajajá! Discúlpeme, me dio risa lo de la rezumbancia. Ojalá le haya salido bien y no sea nada grave. Me imagino que lo que debe tener es algo muscular, por lo que Usted corre. No debe ser nada serio.
—Eso espero.
—Siempre que veo esas bolsas de exámenes del Instituto me pregunto ¿por qué les habrán puesto a unos pingüinos?
—¡Jejejeje! Sí. Es chistoso, ¿no? Son como una familia los pingüinos esos. Habrán pensado que es una forma de mandarle el mensaje a la gente de que el Instituto y sus pacientes son como eso, una familia. Cosas de los publicistas, de los de mercadeo, me imagino.
—Ya llegamos. Bajaron del bus y caminaron juntos hasta el parque del Polo, como si se conocieran. En la misma forma en que habían estado hablando desde que él recogió la bolsa. Sin temores —extrañamente—. Entonces dio el golpe.
—¿Le provoca un tinto?
—Bueno.
Se sentaron en las mesitas de afuera del pequeño café de la esquina. En ese momento supo que el crimen estaba cometido. Que la había matado. En realidad la habían matado. La soledad, su espantosa soledad y la de ella, ya no era de este mundo, no del suyo, no del de ambos.

miércoles, 18 de octubre de 2017

MÚSICA DE CONSULTORIO Y MATINÉ


Frank Pourcel, Paul Mauriat, Ray Coniff y otro que se llamaba James Last, precedidos por Annunzio Mantovani, fueron los Reyes de la "música de consultorio" que sonaba también en los teatros de Bogotá (Scala, Almirante, Trevi, Radio City, El Libertador, Tisquesusa, Metro Riviera, etc.) antes de que empezaran los cortos, dieron lugar a una emisora/empresa que se llamaba Musicar, le dieron mucha platica a los Páez a través de Melodía Estéreo y le encantaba a mi cuñado Enrique. Nunca me gustaron mucho. Siempre me parecieron como el cuchuco al que le quitaron el espinazo de cariagachao servido en vajilla de Limoges. Quizás por los grandes formatos de sus orquestas acercaron a algunos pocos a la música culta. Justamente a mitad de camino pongo a André Rieu que surgió muchos años después. Por el ladito y más tarde, antes de Rieu, aparecieron unos vergajos que hacían como lo mismo en solitario: Richard Clayderman y Jean Claude Borelly. Este es un  recuerdo de 70's y 80's y de algún modo de una Bogotá que se fue.

lunes, 17 de julio de 2017

¡90 AÑOS BIEN VIVIDOS, CARAJO!


Ambos tienen los ojos, los oídos y la voz cansados. Ella por llorar tristezas y alegrías, escuchar secretos y confesiones y pronunciar rogativas y él por leer folios, oír cuitas y dar consejos, todo por otros —hermanos, hijos, nueras, yernos, nietos,  bisnietos y amigos—, sin pausa y sin límites. Viven sin estrecheces pero sin la holgura que merecen por el trabajo incansable y por la generosidad sin mesura. Y creo que de poco tiempo disponen para encontrarse consigo mismos por andar con el pendiente, el uno del otro y en conjunto de los más de sesenta que —por fortuna— giramos a su alrededor. No tienen par en el darse y compartir y constituyen ejemplo vivo de solidaridad con los demás. Hoy son escuela de los más altos valores a los que puede aspirar un hombre encarnada en una docena de personas íntegras y sus familias. En este mundo convulso de hoy el sosiego de ella y la ecuanimidad de él son únicos e inimitables. ¿Cómo no celebrar una vez más la epifanía maravillosa de sus vidas? Suegros amados: exijo a la Providencia que los conserve a nuestro lado aún por muchos años por la sencilla y egoísta razón de que no alcanzamos a imaginar cómo sería posible seguir en el camino sin su luz y sin su aliento.

miércoles, 7 de junio de 2017

DE VILLAMIL, MORALES, RAJALEÑAS Y BAMBUCOS

Jorge Villamil, del Tolima grande, como mi abuelo, coetáneo de mis suegros y médico, como yo, hizo más de doscientas canciones inspiradas y dedicadas, casi todas, al terruño. Fue grande y se le reconoció en vida, como debe ser. Escribió de todo. Javier Solís le grabó "Espumas" y decían que "Oropel" "Los Guaduales y "Llamarada" sonaban en Colombia más que el Himno Nacional. Sus composiciones y las de
José A. Morales les permitieron a los duetos más famosos de la música colombiana alcanzar la gloria. Recuerdo que uno de mis planes preferidos en Girardot, en tiempos del internado, era irme al Bachué -antiguo Hotel Piscina, escenario de los amores de mis viejos- al final de la tarde, casi siempre con mi viejo amigo Fabricio García, pedir una cerveza helada o un aguardientico y sentarme a oír al dueto de bambucos y rajaleñas de turno -siempre eran buenos-. En alguna época me supe una parte del repertorio de Garzón & Collazos y de
Silva & Villalba, rico en piezas de Morales y Villamil, que no faltaba en las serenatas que con mis hermanos Germán, Constanza y Alfredo y mi cuñado Enrique le dábamos a mi mamá por que no era posible encontrar otro regalo que le agradara tanto. Fue ella la que me enseñó muchas de esas canciones y a querer la música de nuestras montañas que nunca he dejado de oír. En los años en que vivimos juntos en México, ni mi esposa, Fabiola Suárez, Fabricio, mis compadres, Xiomara Castillo y Gonzalo Hernández, o yo podíamos evitar que los ojos se nos aguaran por culpa de los pasillos de Zabala y Barrera.
https://youtu.be/2foHsMYWLgM

martes, 22 de noviembre de 2016

THANKSGIVING DAY

No sabían los indígenas que acogieron a los sobrevivientes de la travesía que sus atenciones serían pagadas con el exterminio de sus hermanos. Que nobleza la de los pueblos de América! En todo caso, para todos los familiares y amigos en EEUU, feliz día de acción de gracias!

jueves, 3 de noviembre de 2016

UNA DE CLEMENCIA, EL CHEVROLITO Y LAS VACAS DE FERNANDO

Los Pinto-Suárez siempre quisimos tener una casa de veraneo, aspiración que hoy vemos concretada en "El Asilo". Al poco tiempo de volver de México, como en 1995, Fernando Riaño ofreció en venta la finca del Carmen de Apicalá y un sábado nos fuimos a verla confiados en la experta guianza de Clemencia. Como madre de Silvia que es, "Clemenceau" nos fue indicando el camino sin dudar ni un instante hasta que finalmente, después de 3 horas de recorrer caminos veredales y entradas de fincas y de una encunetada con rotura del tanque de gasolina que se resolvió a punta de jabón REY, logramos determinar que estábamos perdidos por completo. De arepa nos topamos con la entrada de la finca, dejamos el carro en el primer potrero y fuimos a descansar a la casa de Fernando. Tuvimos una superluna que iluminó nuestro baño acompañado de mojitos en la alberquita que usamos de jacuzzi y dormimos arrullados por uno que otro bichito. Al día siguiente vimos que todas las vacas rodeaban amorosamente el carro. Al salir nos dimos cuenta que no era por amor sino porque nunca habían tenido mejor rascadero que las latas del Chevrolito.